Por fin pudimos ir al archifamoso Piratas. Llamamos el mismo Viernes por

Por fin pudimos ir al archifamoso Piratas. Llamamos el mismo Viernes por probar y, efectivamente, les quedaba una mesa libre.
El sitio muy, pero que muy pequeño y la decoración marinera mínima. No ganarán un premio de diseño, pero tampoco es desagradable.
Isabel nos atendió muy bien y nos explicó los vinos con autentica pasión. Carta de vinos "in situ" (nos sacó las botellas que ella creía las más adecuadas) y algo corta, con referencias, para nosotros que somos ignorantes, novedosas (conociamos el Nekeas, pero se había acabado). Al final nos quedamos con un vino aragones que estaba bien, pero no nos alucinó).
La tabla de quesos impresionante, aunque echamos de menos más variedades de otros países, ya que ésta fue básicamente francesa. A nuestro gusto con el vino algunos franceses no nos gustan tanto como españoles o italianos.
La ensalada de colores (mesclum) con aceituna calamata, buena y apropiada para refrescar, con notas de menta y albahaca fresca (?).
Foie a la reducción de Pedro Ximenes y cebolla confitada muy bueno, pero algo frío.
De postres tomé ciruelas al marc de cava, pero debí pedir la ensaimada que al salir vi con pena lo buena que seguro estaba.
A media comida pasó el cocinero a preguntar cómo estaba todo.
Servicio atento, copas aceptables y buen ambiente.
Volveremos a probar el resto de los platos.

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