El producto tratado de usted parece ser el lema de este restaurante inaugurado en el mes de julio pasado. Por ello utilizan materias primas de excelente calidad, principalmente carnes, que sirven a la brasa utilizando carbón de encina. Cuentan para ello con el asesoramiento del maestro Matías Gorrotxategi, del Casa Julián, mítico asador de la localidad de Tolosa.
El local se ubica en un edificio de líneas vanguardistas situado a la entrada de la ciudad, en el nuevo barrio de Zabalgana, y en el que anteriormente estubo el restaurante Busturia. Al igual que su exterior, el interior exhibe una estética moderna que rompe con la imagen clásica de los asadores. Además de un bar a la entrada, el complejo cuenta con una terraza de ambiente chill-out.
Su carta, reducida, se centra en los diferentes cortes de la carne de vacuno, que asan a la parrilla de manera magistral, el mismo tratamiento que dan también a las verduras, pescados, morcillas, etc. Elegimos para tres personas lo siguiente:
- Anchoas del Cantábrico en aceite (17€): excelente anchoas, enormes y con el punto justo de sal, acompañados de una suave espuma de idiazabal y una deliciosa compota de tomate.
- Morcilla de Beasain (9€): una exquisitez, que lleva como guarnición una rica crema de berza
- Medallón de atún rojo (18€): aunque estaba bueno, hubiera sido deseable un paso por la parrilla algo más breve. Se acompaña de boniato asado.
- Ojo de bife (22€): excelente carne con el punto perfecto de carbón
- Ribery Roll homenage a Peter Luger (18€): con este curioso nombre se define un corte de lomo bajo de vacuno acompañado de verduritas salteadas y una salsa, que fue lo que más nos gustó de la comida. La carne estaba deliciosa, jugosa, sabrosa, tierna por dentro y con el delicioso toque rústico que le da el carbón vegetal. Peter Luger es una afamado Steakhouse de Nueva York.
- Pimientos del piquillo (12€): confitados al estilo del Casa Julián, sirvieron de acompañamiento perfecto a las carnes, así como unas patatas fritas son sal Maldon cortadas a cuchillo.
- Postres: aún estando a un nivel aceptable, fueron lo más flojo de la comida. Pedimos un Souffle fluido de chocolate, una tartita de manzana con helado y un goxua.
Su carta de vinos es corta, pero tiene cosas interesantes y el atractivo que le da unos precios, en algunos casos, de ganga. Tomamos un Viña Sastre Pago de Santa Cruz 2006 (39€), decantado y servido en buenas copas.
El local está atendido por personal joven, agradable y profesional.
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