Es un restaurante del que puedes salir bien, o mal, yo personalmente despues de mi última visita no volveré. La clave es Juan Carlos, si lo tienes cerca te hace sentir bien, y la cosa va sobre ruedas. Pero el sábado no estaba, y el personal que tiene no está a la altura (solo decir que le perdieron la tarjeta de crédito a un cliente), y a nosotros nos tocó esperar casi media hora, y eso que habíamos reservado mesa (eso de hacer doble turno...) Y después de todo esto, no te invitan ni a los cafés.
La comida no esta mal, cocina de mercado, sin muchas complicaciones y sin aportar nada nuevo. Los crujientes de langostino y queso, los "finitos" y las fideadas son lo que yo destacaría.
La carta de vinos es bastante amplia, pero no especifican añadas. Los precios de los vinos, bastante caros, el Flor de Pingus 160€, Alión 56€... me parece mucha carga. Yo bebí el Care a 16’50, que me pareció menos inflacionado.
Las copas, normales, aunque las de vino de postre, penosas (y en la carta no salen los vinos de postre).
En el pasado fui bastante a este restaurante, hacía tiempo que no volvía, pero no creo que vuelva, la competencia es dura y por este precio (2 personas, 78€ con vino y café) hay cosas mas interesantes.
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