Restaurante One VLC (Casino Cirsa Valencia) en Valencia
  

Restaurante One VLC (Casino Cirsa Valencia)

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Datos de One VLC (Casino Cirsa Valencia)
Precio Medio:
39 €
Valoración Media:
8.1 10
Servicio del vino:
7.0 10
Comida:
8.5 10
Entorno:
8.5 10
Calidad-precio:
8.5 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Campanar
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas:
Precio desde 39,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


1 Opiniones de One VLC (Casino Cirsa Valencia)

Lo primero decir que fui invitado para probar el menú degustación Frutos de Otoño, que ha confeccionado Rafa Morales, para el casino de la ciudad. Un menú de 29€ que acompañamos con la opción de Maridaje Otoñal por 10€ más, es decir un total de 39€ todo incluído.
Acudí al Casino con una mezcla de curiosidad y excepticismo, más que del restaurante en sí, del local, ya que al no ser asiduo a estos negocios no sabes si vas a encontrar antros de perdición y ludopatía o agentes secretos en esmoquin y mujeres fatal en largos trajes de noche. Lo que encontré fue un ambiente bastante desenfadado en el que me sentí cómodo, además de haber saciado mi curiosidad. Interesante local, con ese toque americano de casinos de Las Vegas y un mobiliario de revista con todos los iconos del diseño del siglo XX (Starck, Castiglione, Lovegrove...).
El restaurante se encuentra en la planta baja del casino y se escucha una fantástica música en directo de piano, una verdadera maravilla. El local es moderno, cómodo y con una buena distribución de mesas.
Menú de temporada con una cocina de mercado en la que se hace algún guiño a la cocina de autor, lo que le da cierta personalidad y atractivo.
Tomamos unos entrantes: Anacardos garrapiñados y brasa -buena técnica y buen resultado-, castañas azúcar y cacao-una especie de marron glace, aunque para mi gusto más ricas estas que los marron que he probado, que tampoco es este dulce muy santo de mi devoción-, mini mazorca con polvo de maíz -maíz con maíz que tiene ese punto de divertido aunque no estuvo a la altura del resto de entrantes- y consome translúcido de caza y jerez -un consome muy suave y delicado que entonó el inicio del menú.
Para acompañarlo tomamos un fino Quinta Osborne que acompañó perfectamente, sobre todo al consomé.
Estos aperitivos te dejan un buen sabor de boca, te preparan, se ve técnica pero se nota que la cosa aun está a medio gas... Así que me acomodé y me preparé para un menú que podría ser toda una revelación o, simplemente, un restaurante más con algún toque de genialidad.
El primer plato "serio" que llegó a la mesa fue una crema de castañas, cebollita setas y Perigord. Un plato donde prima la calidad del producto, el sabor de la castaña y el equilibrio con el resto de sabores. El vino elegido en esta ocasión fue el Abel Mendoza Malvasía 2010, buena elección, vino fresco que casó perfectamente con el plato más contundente y con el punto dulce de las castañas.

Pasamos al pescado de mercado con emulsión japonesa. El pescado en cuestión era un rape perfectamente cocinado, lo que cada vez me cuesta más encontrar. El rape tiene esa textura entre la carne y el pescado en la que si te quedas corto de cocción no es demasiado agradable de masticar y si te pasas se desmiga con facilidad, pero en este caso he de decir que el punto era perfecto y el acompañamiento de la emulsión muy acertado, sobre todo para aquellos a los que nos gusta tanto la cocina oriental. El plato iba acompañado de unas habitas y unos camaroncitos, dejando clara la procedencia del cocinero y es que qué raro es encontrar en Valencia algún restaurante que cocine estos pequeños crustáceos. Para el pescado, un viejo conocido, Cesilia rosado 2009 que cumplió su papel más que dignamente.

La carne en este caso fue magret de pato, finas hierbas, castañas, flor de hibiscus y cítricos. Buena combinación con estas frutos del otoño y perfecto el punto del magret, alejado de esos magrets envasados que empiezan a proliferar en los restaurantes. De nuevo un plato donde se equilibran los sabores más contundentes con los más frescos, los cítricos con las carnes rojas. Plato maridado con Luis Alegre crianza 2007, tal vez el maridaje más evidente y sencillo, aunque no dejamos de disfrutarlo con el magret.

De postre tomamos cremoso de chocolate, avellanas y leche merengada caliente. También bastante bueno y menos empalagoso de lo que pinta en papel. De postre tomamos un Dulce Bobal de Cuenca que, debido a su excelente acidez, cuajó perfectamente con el postre.

Para terminar unos divertidos petit fours, como las trufas de chocolate amargo o las moras en polvo de oro.

Servicio ,tanto del vino como de mesa, excelente, clásico, atento en todo momento y siempre diligente.

En resumidas cuentas, que me fui de allí con un muy buen sabor de boca, por lo que no dudaré en volver.

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