Un año y pico después de la anterior visita, volvemos a este restaurante, que resultaba la mejor opción para cenar al tener el alojamiento en la misma localidad. A las 8 y media de la tarde/noche las calles del pueblo están absolutamente desiertas, debido seguramente más a los horarios gallináceos de Francia que al intenso frío (-2º marca el termómetro). El restaurante, sin embargo, está a rebosar. Nos acomodan nuevamente en un patio interior de techo acristalado, que pensaba yo se usaba nada más en épocas de buen tiempo, y que tiene una iluminación pésima, así como una decoración que roza lo hortera, algo por otra parte habitual en muchos restaurantes de la France. Al quedar relativamente satisfechos la anterior ocasión, volvemos a pedir el denominado menú Saveur, esta vez a 50€, que cuenta con algunos platos nuevos. Por mi parte pedí lo siguiente (lo transcribo literal):
- Œufs brouillés au Caviar d’Aquitaine, mouillette de Foie Gras: era un batiburrillo de elementos al más puro estilo clásico francés, con huevo escalfado, foie y huevas de pescado como protagonistas en un decorado de salsas basadas en la mantequilla y la nata líquida. Se dejaba comer, y más si uno lleva hambre atrasada (comimos a la 12 y media).
- Côtelettes d’Agneau en crépine de Cèpes et Foie gras: un par de costillitas de cordero sobre una salsa de hongos y foie acompañada de una ingente cantidad de verduras hervidas a modo de guarnición, elemento este último que se repite en prácticamente en todos los segundos platos del menú. El plato, no obstante, estaba bueno.
- Bûchette pralinée, sauce caramel et beurre salé: rico postre, aunque quizás algo empalagoso, a base de láminas crocantes, mouse de avellanas y salsa de caramelo.
Las otras tres personas que ocupábamos la mesa (éramos dos parejas) pidieron otros platos distintos del menú y todos quedaron medianamente satisfechos. Este menú en España recibiría, sin duda, más críticas que halagos, pero me parece que al pasar la frontera muchos tendemos a cambiar el "chip", conformándonos con menos, como si fuese una especie de mecanismo de adaptación a unas circunstancias que sabemos de antemano que, en lo gastronómico, van a ser peores, salvo que nos gastemos un dineral.
En lo concerniente al vino tienen una carta no demasiado amplia centrada en vinos bordeleses, si bien no faltan buenas referencias de espumosos. Los precios son un disparate (la mayoría de las referencias están multiplicadas por 2 y por 3 con relación al precio de tienda) y el coperío de risa. Pedimos otras copas y nos las cambiaron sin problema por otras mejores, solicitud que sin embargo no observé hiciera nadie más en todo el local. Como no nos queríamos dejar un "pastizal" en la cena por culpa del vino, pedimos, un poco a ciegas, uno de los de precio más comedido: Chateau Fourcas Hosten 2003 (38€), un Cru Bourgeois que, la verdad, cumplió.
Acabamos la velada con un par de buenos cafés solos, echando en falta algún destilado, que no pedimos por desconocimiento de la oferta local en esta materia.
Estos horarios lo bueno que tienen es que te vas más pronto a la cama y así tienes más tiempo para disfrutarla. En nuestros lares después de cenar habrían caído varios GT, pero me parece que aquí el sitio más cercano abierto por la noche está a 250 km (Irún).
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