Visita informal para comida de trabajo. Aprovechamos un bonito dia y nos damos un salto a ver que tal va todo.
Nos sentamos y nos atiende un chico joven, maitre a la sazón, indicandonos los platos que no tenian y las recomendaciones. Pido ravioli y vuelve de cocina, no quedan... pedimos Louro do Bolo y tampoco quedan... puñetas empezamos bien.
Rabas de calamar, fantasticas de punto, sabor y fritura, acompañadas de una suerte de confitura artesana de limón, muy buenas.
Bocartes, esperabamos la tempura y nos trajeron unos bocartes desespinados, con tocino iberico en el interior, rebozados y acompañados de una mousse de tomate queso parmesano (creo) y albahaca. Correctos, aunque el tocino no aportaba todo lo que debiera. No nos fijamos en la carta, pero estaban bien.
Rigatoni con mantequilla pasiega y parmesano, cremosos y bien cocidos, muy ricos.
Lomo de vaca con pastel de patata, excelente segun mi compañero y en una racion generosisima.
Merluza con crema de hongos, muy buena tambien.
Pan crujiente con helado de leche y frutos rojos, muy bien.
Tarta de avellana con sopa de café, como la otra vez espectacular, para volver.
De beber un Itsas Mendi 7 que acompaño perfecto toda la comida.
Muy bien el servicio y el trato, café en la terraza y relax absoluto.
Para recomendar con total confianza, van por el buen camino.
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