Relajante

Nadie diría que perdido en un pueblo se encuentra esta casa de comidas.
El entorno bastante cuidado, un sitio tranquilo y cuidado, para comer sin prisas (hijo musical muy agradable).

Carta de vinos corta, pero en cambio el servicio del vino es muy atento, algo que en las islas no abunda. Bebimos Juan Gil 12 meses como digo servido con el respeto y atención adecuado, en copas más que decentes. Por esta razón voy a puntuar muy alto el tema del vino, aunque como digo la carta no contiene muchas referencias.

Comimos un maravilloso carpaccio de solomillo, el cual te dejan elegir la salsa: cabrales, aceituna y otras dos. Elegimos aceituna, y se convirtió en una deliciosa mezcla. De segundos un lenguado relleno de setas, correcto, y unas ricas carrilleras ibéricas con salsa de vainilla (la vainilla no se notaba nada). De postre un coulant de chocolate para compartir, prescindible.

Una botella de agua, dos cervezas y dos cafés con hielo, 100 euros. Barato desde luego no es, pero el restaurante es el más formal por así decirlo que he visto en Lanzarote.

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