Restaurante Sinal Vermelho en Lisboa

Restaurante Sinal Vermelho

Datos de Sinal Vermelho
Precio Medio:
24 €
Valoración Media:
7.5 10
Servicio del vino:
7.8 10
Comida:
7.5 10
Entorno:
7.0 10
Calidad-precio:
8.0 10
Fotos:
 
País: Portugal
Localidad: Lisboa
Dirección: Rua Das Gaveas 89 (Bairro alto)
Código postal: 01200
Tipo de cocina: Tradicional
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 22,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)



3 Opiniones de Sinal Vermelho

Siguiendo las experiencias de los anteriores foreros, y sin una ruta muy determinada en el bonito Barrio Alto de Lisboa, acudimos a este local. La verdad es que parece muy orientado al turismo, es decir, clientes que sólo visitarán el local y desaparecerán, por lo que no me dio una buena impresión a priori.
Como era verano pudimos disfrutar de la cena en la terraza, donde te empapas de este singular barrio de la capital lusa. Ni las mesas ni las sillas son cómodas, además de ser aquéllas algo pequeñas para un comida de cuatro personas. Aún así merece la pena comer en la calle y poder empaparse del ambiente y la gente que pasea por estas calles.
Al sentarte a la mesa dejan unos platos con unos quesos de la zona y una mantequilla con sal y te advierten de que si no los consumes no te los cobran. Como ya habíamos probado los productos de al zona decidimos dejarlos en el plato. Se agradece el aviso del camarero.
Escogimos de la carta un par de entrantes para compartir, lo que llaman su "trilogía", un pequeña degustación de tres de sus entrantes o tapas: el pulpo, que estaba realmente bueno y lo sirven con una vinagreta, unas tortillas de camarones, algo menos interesantes pero de buen sabor y un plato de embutidos de la zona muy buenos. Aunque la ración no es muy generosa, te permite probar varios platos que, al parecer, son especialidad de la casa.
Curiosamente tienen como entrante un arroz con legumbres malandrinho que nos recomendaron, así que lo escogimos y lo probamos. Interesante el sabor del arroz con un punto especiado y un toque de ajo muy rico.
Como plato principal tomamos un bacalao con cebolla al estilo del Miño, otro de los platos que nos recomendó uno de los camareros. Muy buena la textura y el punto del bacalao, que logran mantenerlo casi crudo en el centro. La única nota negativa es que se nota que lo calientan en el horno y la parte externa queda algo seca, no obstante, el plato bien merece la pena.
Otro de los platos que pudimos probar fue un cordero especiado, otra de la especialidad de la casa. Con un punto muy rico de comino, canela y cilantro.
La carta de vinos es muy completa, destacando los vinos portugueses, con precios interesantes y un asesoramiento informal pero eficiente por parte de los camareros. Copas sencillas pero bastante correctas y un servicio atento, sin ceremonias, pero más que suficiente para disfrutar de una buena buena comida.

A destacar el servicio esmerado y simpático del local que está atento en todo momento y te hace sentir a gusto, muy acorde con el "buen rollo" del Barrio Alto y el ambiente del local.
La nota negativa, y esto que sirva de aviso a futuros navegantes, el precio de los cafés y cervezas es algo elevado. Casi 4€ la cerveza y 2,20€ el café, cuando el Lisboa puedes tomar café en buenos sitios por 0,60€. Es una lástima porque estos pequeños detalles son los que delatan un punto poco honesto en el que se busca el beneficio desorbitado a expensas del turista despistado. Mi recomendación es ir directamente a la interesante carta de vinos y tomar el café en cualquier otro sitio pues, al estar tan céntrico, puedes encontrar una buen oferta.

Habíamos depositado toda nuestra confianza en el comentario del compañero Klaymann, por lo que nos dirigimos hacia el Barrio Alto en busca de este restaurante, haciendo una breve parada en la ambientada y concurrida Cervecería Trindade a tomarnos unas cañas.

Por lo que tengo entendido, entre las callejuelas y bares pequeños han surgido una serie de restaurantes de moda, con precios algo más elevados y un ambiente especial más cuidadoso con los detalles, como es este restaurante que parece estar en auge.

Tras conseguir sortear a la cantidad de jóvenes que abordan a los turistas mostrando las cartas de sus locales, conseguimos encontrarlo y para ser jueves noche estaba casi lleno, calculando a ojo una capacidad para unas 70 personas. Digo yo!

Nos recibieron en la puerta con amplia sonrisa y gran amabilidad. Y acto seguido, un camarero nos acompañó al rinconcillo que quedaba en una mesa larga junto a la pared. Más gente en la mesa pero justo a nuestro lado, afortunadamente, nadie! No me convence esta forma de comer codo con codo, se pierde cualquier tipo de intimidad y fuerza a los comensales a subir el volumen de voz generándose un bullicio ambiental un tanto molesto.

Nos atendió un camarero muy agradable y con rebosante simpatía que hablaba a la perfección varios idiomas, ofreciéndonos la carta en español a la vez que nos comentaba un poco... Nos trajo unos aperitivos, explicando que si NO los consumíamos no entraban en la cuenta, total que ahí se quedaron hasta que los retiró.

Una carta bastante completa con variedad de productos típicos, carnes y pescados. Decidimos pedir todo al centro para compartir:

~ Pataniscas de bacalao. En esta ocasión, y puesto que se trataba de un plato muy popular de la cocina lusa, nos decidimos por estos buñuelos a base de bacalao. Cuatro piezas en total, que nos resultaron buenos sin más.

~ Variado de embutidos regionales. Morcilla de carne, Chorizo y Alheira (embutido ahumado típico de la cocina portuguesa a base de carne picada de pollo y cerdo, tocino, aceite y pimentón), acompañado todo de unas tiernas judías verdes finas pochadas y de algún detalle curioso como aceitunas negras y naranja. Plato resultón, muy rico y de los de mojar pan!

~ Pulpo salteado en aceite con almejas y cilantro. Acompañando a unas pequeñas patatas enteras, el pulpo muy rico y tierno, las almejas muy sabrosas y una salsa a base de aceite, cilantro, ajo y perejil, que invitaba a seguir con el pan. Agradable combinación de sabores y ración más que correcta para terminar saciadas.

De postre, asesoradas de nuevo por el camarero, tomamos un Pastel Casero a base de huevo, leche condesada, limón y canela, cubierto de mermelada de ciruela caramelizada y regado con un poco de chocolate y miel. Suave y goloso colofón para chuparse los dedos.

Para beber tomamos cerveza y aquí vino la sorpresa!! Sobre todo en la cuenta!! Seis cañas en total de Super Bock a 3,5 € cada una. 21 euracos 6 quintos?? A posteriori he leído, en más de una ocasión, que en Portugal las bebidas son caras, y vaya si lo son!!

Presentado en un cestillo dos variedades de pan, uno rústico con corteza gruesa y crujiente y abundante miga esponjosa, y un segundo pan integral más compacto. Ambos muy buenos y sin coste alguno, curioso!!

Vajilla blanca sin complicaciones, cubertería y resto de menaje moderno y funcional. Mesas vestidas con manteles y servilletas de algodón blanco y, como ya he comentado, muy bien aprovechadas con poca separación entre ellas. Sillas de madera bastante cómodas.

El local me resultó muy acogedor, iluminado con luz cálida, paredes con el típico azulejo pintado azul, techos con vigas de madera y estanterías repletas de botellas. El conjunto muy agradable y típico pero... le sobraba ese bullicio.

El servicio muy joven y dinámico, uniformados con un estilo moderno e informal en color negro. Todos rápidos, ágiles, atentos, amables y simpáticos. Mauro, el camarero que nos atendió, tuvo a bien explicarnos diversas curiosidades de los distintos platos y hasta cómo había aprendido español a base de esforzarse por hablarlo, detalle que no se encuentra en todas partes. Además, una vez vista la cuenta le preguntamos si había algún error con las cervezas y nos recomendó muy amablemente que "siempre" miráramos la carta de bebidas antes de pedirlas para evitarnos esas sorpresas bastantes frecuentes por aquellas tierras. A la próxima un vinito!!

En resumen, un local agradable situado en el corazón del Barrio Alto de Lisboa, donde comer una cocina tradicional portuguesa con guiños actuales, con materia prima de calidad, un estupendo servicio y una buena RCP si no te pasas con la bebida. Ojito!!

La cuenta ascendió a 53 euros, de los cuales sólo 21 fueron directos a esas 6 cervezas. La comida por tanto 32 €, que me parece un buen precio, pero la sensación de clavada en la bebida es inevitable.

  • Pastel Casero

  • Pulpo salteado en aceite con almejas y cilantro

  • Variado de embutidos regionales

Sin buscarlo dejamos lo mejor para el final, volvimos al Barrio alto, esta vez paseando nos detuvimos en este restaurante sito en Rua Das Gaveas, en pleno corazón de este barrio que emana actividad, vida y alegría.

Entramos y desde el primer momento el trato fue excepcional, traduciéndonos todos los platos, aconsejándonos, sin meternos prisa, y explicándonos los entresijos de la cocina portuguesa.

Dejándonos aconsejar pedimos surtido de quesos de entrantes (somos amantes del queso) y mi mujer pidió un fabuloso estofado de ternera con champiñones, castañas y pan frito que estaba brutal. Yo opté por una de sus especialidades : arroz con conejo, jamás comí un arroz con conejo similar, que sabor tenía este plato, me encantó.

He de decir que a pesar de ser grandes comedores no pudimos acabarnos los platos.

Mención aparte el vino, amplísima carta que no sabíamos por donde cogerla, muy extensa. Como nos vieron dubitativos se acerca un camarero que haría las veces de sumiller y nos pregunta si necesitamos consejo. Nos recomienda Terras Do Po, el cual pedimos. Acertó.

Buenas copas.

Pan + 2 cafés excelentes.

Recomiendo este restaurante al que vaya a Lisoa, pues tienen una carta de especialidades portuguesas con al mneos 10 pescados, 10 carnes y bastantes arroces.

Sin duda nos fuimos de Lisboa con un buen sabor de boca y con el recuerdo de este restaurante, si un día vuelvo desde luego volveré a Sinal Vermelho.

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