Un arriesgado viaje a la desembocadura del Ebro

Estuvimos hace unos fines de semana y el cocinero nos comentó que estaba cambiando la carta, que había
algunos platos de la carta que los había cambiado por otros. Se ofreció a prepararnos lo que quisieramos
a parte de lo que hubiera en la carta y así lo hicimos, nos preparó un arroz biológico con cigalas que le habían
traído que estaba bueno, el resto de platos bien, un ravioli de langostino muy rico, pero quizás algo
sobrevalorado, unas almejas a la marinera con un sabor simple y un aperitivo de carpaccio de cap i
pota y langostino que estaba bueno. Los postres correctos, aunque digamos que la innovación del peta-zeta
ya está muy vista, ¿tendría que ser algo más innovador?, ¿buscar nuevos contrastes?.
La decoración no concordaba con el concepto del restaurante, maderas estilo japonés, incluso una plancha,
pero claro, luego ves la carta y tampoco hay gran cosa que pueda encajarse en ese concepto de local.
Como resumen diré que nos arriesgamos a ir, buscando una alternativa en el Delta del Ebro,
pero que para nosotros, no cumplió con las espectativas generadas a partir de otros comentarios de este foro.
Sin desmerecer el trabajo del cocinero, creo que la ilusión por una cocina creativa se tendría que expandir
en todos los sentidos de su carta.

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