Gran entorno

Cena de cinco amig@s en la terraza del local, que se compone del edificio del restaurante, decoración oriental minimalista, y otra zona "ibicenca" con piscina, jacuzzi, barra de copas y zonas de sofás y hamacas, que tienen abierto todo el día. No tienen wi-fi.

Lo mejor, sin duda, es el entorno del que disponen, pero lo peor es la profesionalidad de sus componentes. No se puede llegar a la mesa y estar esperando más de un cuarto de hora para que saber qué quieres beber y menos cuando te están preguntando, anotando y dejas con la palabra en la boca a un cliente para atender a la mesa de al lado.

No pedimos vino -carta escasa y típica-, pero sí cerveza y curiosamente una de las marcas se agotó a la media hora de estar allí.

La cena fue a base de entrantes. Calamares a la romana, esgarraet, tomate valenciano con atún, ensalada wakaya... Cosas diferentes, pero con la misma guarnición, por lo que tuvimos la sensación de haber cenado casi lo mismo.

Y en la zona de copas, el remate final. Pedimos un zumo de naranja natural, pero en principio no no lo ponen porque no les funcionaba el exprimidor eléctrico, teniendo uno manual. Ok. Mientras nos preparan unos mojitos -a 10€ y muy dulces-, otro camarero nos atiende, le decimos que queríamos un zumo de naranja, pero que no lo podían hacer.

-¿Cómo que no? ¿Quién os ha dicho eso? Enseguida os lo preparo.

Zumo hecho sin problemas y problema resuelto.

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