Un clásico en la ciudad. Y eso puede ser un arma de doble filo. Llevo

Un clásico en la ciudad. Y eso puede ser un arma de doble filo.
Llevo yendo desde hace muchos años, y lo que al principio me encantaba, ahora me desespera.
Era un lugar poco conocido, donde se podía comer un chuletón de buey a la piedra de primera calidad. El resto era lo de menos.
Ahora está masificado. No hay separación real entre zona de fumadores y no fumadores. El servicio, el de siempre, está saturado y eso se nota en lo que percibe el cliente.
Antes las mesas no pasaban de 6, ahora puedes encontrar grupos demasiado numerosos para el tamaño del local.
Muy ruidoso. Además la ventilación es pobre y acabas ahumado con los chuletones.
El servicio del vino es pobre. La carta no es ni mala ni buena, pero el servicio directamente no existe.
Los chuletones, buenos, pero ya no son lo que eran.
De todos modos, entre semana aún se puede ir a cenar. Los fines de semana es del todo desaconsejable.
Renovarse o morir. Ese no es el camino.

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