Restaurante El Figón de Ismael: Asador del montón


Acudimos de carambola al cerrar la noche de los sábados el famoso Zute el Mayor (abre sólo al mediodía). La intención era cenar lechazo, por lo que en el momento de hacer la reserva encargamos dos cuartos y avisamos de la hora a la que acudiríamos. Entramos y fuimos directos al asunto: cordero, ensalada de lechuga y cebolla y una botella de Alión 2003. ¿Se puede pedir más? Sin embargo, nada más incarle el diente al corderito en cuestión nos dimos cuenta del engaño. Era evidente que el animal hacía tiempo que había pasado por el horno (seguramente se asó ese mismo día para la comida). A la hora de la cena se habían dedicado únicamente a calentarlo. De vergüenza. Se lo decimos a la camarera, que con toda tranquilidad admite lo ocurrido (se ve que es práctica habitual). Le decimos que entonces para qué narices hemos hecho el encargo. Como el asunto no tiene ya vuelta atrás, optamos por zamparnos el cordero recalentado que, todo hay que decirlo, se dejaba comer. Nos olvidamos ya de pedir una segunda botella de Alión, pues ni el lechazo ni la caja del local lo merecían. Nos vamos sin pedir postre y ni café (nos lo tomamos después en otro lugar), rechazando también el chupito de orujo que nos ofrecía la dueña del local. Una pena, la verdad, aunque me da la sensación de que esta manera de proceder deber ser habitual en la mayoría de los asadores, que asan sólo en el momento de más demanda, es decir, al mediodía. Los que vienen después a cenar se comen las sobras recalentadas. Para acabar, y siendo justo, hay que reconocer que tienen una buena carta de vinos, eso sí, algo disparados de precio para ser el tipo de local que es (ejemplo, Alión a 50€)

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