Restaurante Las Vigas- Hotel real monasterio San Zoilo

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Datos de Las Vigas- Hotel real monasterio San Zoilo
Precio Medio:
44 €
Valoración Media:
7.3 10
Servicio del vino:
6.5 10
Comida:
7.3 10
Entorno:
7.6 10
Calidad-precio:
7.4 10
Fotos:
0
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Tradicional, Castellana
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 28,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


5 Opiniones de Las Vigas- Hotel real monasterio San Zoilo

Me había creado yo, ciertas expectativas con esta nueva visita a este restaurante, cuatro años más tarde, recordando perfectamente que era mi segundo comentario de restaurantes en Verema (al primero desde luego no tengo idea en absoluto de repetir) que en aquella ocasión, visite a la vuelta de una viaje a Galicia y en esta ocasión también, pero desde León.

Con reserva previa, nos acomodamos cuatro comensales a las 14 horas, tras una buena recepción, en una mesa amplia, bien vestida, con buena cristalería y vajilla.

Tras un aperitivo que nos puso la casa, que consistió en una crema de verduras, nos decidimos por primero compartir:

- Bocaditos crujientes de morcilla, presentados como unas bolsitas de pasta brick, que tenían un buen nivel, tanto de elaboración y gusto, como de presentación.

- Mollejas empanadas con refrito: cortadas en tamaño más bien generoso, no muy hechas resultando en conjunto agradables a los cuatro comensales (entiendo que mucha gente por una parte no acepta el comer mollejas y otros si, pero tienen que ser bastante pasados en su punto y en pequeñas proporciones cada una)

- Menestra de verduras: ¡una pena¡ este plato es característicos e insignia de la cocina Palentina como puede ser un buen arroz en Valencia o un unos pescaditos fritos en Málaga y en esta ocasión resultó muy poco de nuestro agrado. Sólo los guisantes que tenían un buen color conservado incluso su puntito de brillante, el resto de verduras estaban muy pasadas de de punto y con un color “distraído” y las que habían sido rebozadas llevaba mucho tiempo como tal.

De platos:

- Presa de ibérico con queso de cabra y compota de tomate: la carne pasada de punto, aun que hay que comentar que ni se preguntó el punto de la carne al tomar la comanda y ni se les había advertido, que el comensal prefería prácticamente vuelta y vuelta. Un buen trozo de queso de cabra y una compota de tomate sin generar entusiasmo.

- Chuletillas de lechazo: bien, de aprobado a notable, sin generar más comentarios.

- Manitas de lechal con pisto: bien las manitas y el pisto quizás a una falta de unión entre los componentes y ligeramente blandengue.

- Solomillo con salsa de mostaza: bien, sin más.

De postres compartimos.

Helado de higos y nueces con salsa de dos chocolates: muy discretito el helado.

Mouse de yogur con crema de miel: cumplió.

En cuanto a la carta de vinos, pocas denominaciones de origen con predominio de Ribera y Rioja, precios más bien ajustados sin ser baratos, nos decidimos Cyan crianza 2004 (19.20 euros más IVA)

Es de comentar que tomamos dos botellas del citado vino y la primera y la tercera catadas salieron con corcho, que fueron retiradas inmediatamente por la responsable de sala, no sólo sin ningún comentario, sino con una sonrisa y cierto apuro, lo cual es de agradecer. Cambio de copas a la segunda botella.

Servicio de mesa con cierta diligencia e incluso amabilidad.

El precio total con lo descrito, más dos aguas minerales de 1 l, tres cafés y un poleo 162 €, considerando el mismo como bueno, dados los tiempos que corren, lo comido y lo bebido.

Una pena la menestra verduras y la nula despedida, pues nadie se preocupó de nosotros y se realizó como se decía clásicamente “a la francesa” pues no encontramos a nadie en el camino y tampoco era tema el andar rebuscando.

Me queda de nuevo como una opción en el camino de vuelta a mi domicilio en Cantabria tras la visita Galicia o a zonas limítrofes, pero sabiendo lo que puedo esperar y sobre todo en la próxima visita, intentar pedir platos lo más clásicos posible sin ningún guiño a la nueva cocina.

Bonito lugar donde sirven rápido las viandas. Las mollejas estaban sabrosas y los segundos:Presa ibérica con compota de tomate y medallón de queso de cabra y Magret de pato también estaban muy bien preparadas. En cuanto a los postres recomiendo los zoiloitos que son eclers caseros.

Local cuidado y acogedor, integrado en el complejo hotelero del Real Monasterio de San Zoilo.

El servicio es desigual en el trato (algunas personas más agradables que otras), no obstante merece la pena ir a comer a Las Vigas, si uno se encuentra por la zona.

Especialmente destaco su maravillosa menestra palentina, la temporada primaveral obliga. Algunas de las verduras las presentan cuidadosamente rebozadas y perfectamente guisadas (lástima que entre todos los ingredientes que conformaban el plato, los guisantes no fueran de temporada).

Para mi, la menestra tal y como la presentan en tierra de campos, es un plato exquisito y la de Las Vigas, está al mismo nivel que la de Casa Lucio en la capital palentina.

Lo demás todo bien.

Carrión de los Condes, sin duda disfruta de un restaurante de nivel que añade un plus de vitalidad a esta zona de Palencia histórica y culturalmente muy rica, pero cada vez más deshabitada. El Monasterio da la sensación de que aún no ha finalizado su reforma, aunque el restaurante sí lo ha hecho, y su interior responde al nombre. El techo, trenzado con unas vigas de madera imponentes, compone junto con su decoración un espacio acogedor, rústico y tradicional. Las mesas bien dispuestas, y las copas, cubiertos, etc, de calidad.
A la mesa llegó un aperitivo de recepción delicioso: una cremita de verduras.

De primero pedimos menestra de verduras palentina. Poco que decir: una auténtica joya de plato. Cada verdura en su punto justo de cocción, y con esa peculiaridad de las menestras palentinas en las que se rebozan alguna de las verduras, en especial los corazones de alcachofa y los espárragos trigueros. Realmente buena. De segundo, chuletillas de cordero de raza "churra". El plato, evidentemente, no tiene ningún misterio, pero eran auténtica mantequilla. La carta de vinos, con muchas referencias de la zona, hizo que nos inclináramos por un Páramo de Guzmán (30 euros). Bien servido, y a la temperatura idónea. El resultado final, más que notable. Un lugar para repetir en pleno Camino de Santiago.

De viaje y acuciando la hora del almuerzo, acudimos a este restaurante, a pesar de tener una experiencia regular en el, hace 2 años.

La decoración agradable y la recepción del servicio muy correcta.

La comida con algún detalle de nueva cocina, tiene una base clásica castellana. Para 2 personas, con vino Valdelosfrailes, 2 entrantes, 2 platos, postres, cafés e incluso 2 Pedro Ximenez en total 84.40 euros. Francamente bien.

En los platos destacar muy adecuados las chuletillas de lechal y las alubias de Saldaña.

Carta de vinos, en conjunto pasada de precios y algo corta, pero el solicitado de Cigales tinto (quizás por ser poco frecuente hasta hace poco, el tinto en esa denominación) francamente bien de precio 9.70 euros.

Buen servicio y ganas de agradar. Ha mejorado en 2 años. Lastima que algunos de los comensales de otras mesas, intentaban que todos nos hiciéramos partícipes de su conversación.

Si vuelvo a pasar de viaje, intentaré que coincida la hora del almuerzo.

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