Trato amable y cuidado servicio. A penas tuvimos que esperar a que nos atendieran, pese a estar el local lleno. Los entrantes buenos y variados, desde el jamón de Jabugo con bolitas de melón muy maduro, a los roscos de pulpo. Pero sin duda es en los pescados donde se dejó ver la buena mano de la casa. Desde los salmonetillos, a la sabrosa Dorada, pasando por el Gallopedro (pez típico de la zona), o el Rape, sencillamente delicioso. Pescado fresco, de verdad, una magnífica materia prima, que explica la calidad de los platos. Capítulo aparte merece la carta de vinos, muy buena, por la variedad y sobre todo por los precios, sin las locuras en las que caen otros restauradores. Incluye una sección de vinos de Francia, con referencias como Château Petrus o Château Haut-Brion. El servicio del vino, resultó excelente. Por poner algún pero, decir que la mayoría de los vinos que incluye la carta no suelen venir con su añada correspondiente, aunque el sumiller no tuvo ningún inconveniente en realizar todos los viajes, que fuesen necesarios, a la bodega, para informarnos. Todo, con postres y cafés, por 30 euros el cubierto, una ganga. Ah, y a las copitas de Predro Ximenez con las que acompañamos el dulce... nos invitaron.
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