Restaurante bullicioso y un tanto incomodo por el ruido y el mogollón de gente pero merecedor de la visita por la calidad en las materias primas. Se puede ir de picoteo ( muy buenas tostas, quesos y embutidos) o sentarte a tomarte buen marisco, una gran selección de setas , chuleton en su justo punto o buen pescado. Para lo segundo, es obligado reservar. Comimos sentados cerca de la barra y pronto las viandas nos hicieron olvidad las incomodidades de las mesas pegadas y el ruido propio de la gente que está picando y bebiendo con alegría. Un poquito de marisco (buenos camarones y regulares ostras ) seis anchoas en salmuera y unos trigueros con foie fueron los entrantes. Chuleton para tres a continuación. Regado por un Imperial Reserva, vino que nunca falla. Cafés y chupitos … que había que coger el coche. La carta de vinos es correcta en general y sorprendente en el apartado de Champagnes. El personal es profesional, rápido y atento. No nos dieron carta de comida, no sé si porque no tenían o porque ya teníamos cara de saber lo que íbamos a comer. Un sitio que merece la pena visitar excepto si buscas un lugar romántico o tranquilo. El precio que pagamos, 80 euros por persona.
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