El restaurante está situado en un marco incomparable. Benialí és un pequeño pueblo de la montaña alicantina que muchos desconocen rodeado de cerezos, almendros y olivos y bajo la imponente sierra que delimita Vall de Gallinera y Vall de Alcalá. Comedor soleado, con vistas, decoración actual y mobiliario práctico y funcional. Mesa bien vestida aunque habría que renovar un poco el coperío.
Nos sentamos a la mesa: seis comensales. No hay carta. Nos indican que van sacando comida hasta que nos plantemos: salpicón de pulpo (fresquísimo y sabroso); virutas de pollo rebozadas (nada aceitosas); boquerones marinados con salsa de aceitunas (otra vez destaca la frescura del plato); albondigas caseras (ricas ricas). Con estas entradas un blanco verdejo cuyo nombre no recuerdo (a 9€).
Seguimos: bombón de foie amb ou filat (una auténtica delicia); dos piernas de cordero al hormo (brutales) y dos solomillos de buey con foie i gelatinas de tomate y violeta (correctos). Tomamos un tinto de rioja que tampoco recuerdo (consejo acertado de la casa: 12€).
Postres al centro: flan de huevo, helado de turrón, tarta de nueces y pasas, de plátano... Faltó algo de chocolate.
El servicio amabilísmo, simpático... muy correcto. Carta de vinos reducida en la que se echa a faltar algo más selecto (la mayoría estan entre los 10 y los 20) para ocasiones especiales.
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