Restaurante Mina: Claroscuros


Estuve en Mina hace 6 u ocho años  y me impresionó gratamente lo bien que comí y bebí, algo nada difícil en estas tierras, pero se notaba que era algo más, tenía "clase". Así que elegimos este restaurante para una celebración, con el recuerdo y las expectativas tras muchas opiniones leídas acá y allá. 

Cuando salgo a comer busco disfrutar, lógicamente, y si puedo, aprender cosas nuevas (nuevas cocinas, nuevas preparaciones, nuevos vinos...), pero cuando voy a sitios de cierto nivel, donde además la cuenta asciende considerablemente espero, y creo que puedo exigir algo más; espero que me sorprendan, que me emocionen, que me deleiten.

El ambiente del restaurante es muy cálido y acogedor, se está muy a gusto; 10 personas entre sala y cocina para 30 comensales. Nosotros elegimos la barra, donde caben 8 comensales, para presenciar el espectáculo....que no fue, y no es una crítica, si no constatar que tienen un engranaje tan perfecto que si esperas ver grandes elaboraciones o el trajín de una cocina, aquí no lo vas a encontrar. Las 6 a 8 personas que se mueven por la cocina, se limitan a emplatar, componer, o dar el último toque, en general,  a los platos. La cocina impoluta, los cocineros en casi reverencial silencio y moviéndose como si de una coreografía se tratase, sin grandilocuencias, sin estrés, todo muy medido y muy eficaz.

Elegimos el menú de 10 platos con maridaje: parece ser que el somelier ofrece vinos más internacionales a los propios y más nacionales a los de fuera y no me parece mala opción pues pocas veces tendrás oportunidad de probarlos, 7 vinos que nos fue explicando, todos de pequeños productores con predominio de blancos y sin repetir variedad y de los que me sorprendió una sidra con una concentración de sabores extraordinaria. Unos encajaron mejor que otros con los platos, aunque me hubiera gustado que más que encajar sublimaran los sabores del plato, tarea difícil, supongo, con la cantidad de matices y especias de las preparaciones.

En cuanto a la comida, lo que más me impresionó impresionó fue la mezcla de sabores y matices de uno de los aperitivos y del acompañamiento del mejillón que hubiera repetido y mojado pan sin cesar. Del resto de platos, aunque casi todos estaban a un gran nivel, (bueno el cimarrón, correcto el ciervo) destacar el intenso sabor del txangurro, la vieira y la ventresca, vaya materia prima¡ que con las salsas de cada uno quedaban realmente magníficos.  Lo que menos, la berenjena, tan amargo el conjunto, supongo que por el té, que hacía incomestible y sin sabor a la berenjena, y uno de los postres con limón donde predominaba tanto el ácido que dejaba sin sentido el conjunto. 

En definitiva, un buen sitio para probar propuestas novedosas y sabores diferentes, seguro que con un gran trabajo detrás, para que todo quede tan milimetrado delante.

 

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