Ayer, pura casualidad, nos acercamos a Bacco, un restaurante que nos había llamado la atención, sobre todo por la decoración. A nuestra llegada nos preguntaron si éramos fumadores, y nos situaron en una sala especial, cosa que agradecimos, pues la entrada principal estaba cargada de humo.
La carta de vino no está mal, pero un poco cara (Marina alta 14 Euros). No tenian Chianti classico blanco y volví a probar el Yaiza de Lanzarote seco, que me gusta especialmente. El camarero parecía que lo habían contratado ayer... no conocía la carta de vinos, nos dejó a medias dos veces poque se le enfriaba el plato de otra mesa y en general estuvo muy descuidado con todas las mesas del reservado.
En cuanto a la comida, solicitamos un entrante con carpaccio de ternera con hongos, al que le faltaban especias y que no estaba especialmente sabroso. De platos principales pedimos Gnocci y Raviolis, muy bien cocinados y excelentemente servios (en mi caso y en el de mi acompañante coincidimos que estaban mejor los gnocci).
Como postre Tarta de chocolate, exquisita y muy abundante. He de reconocer, pese a los peros iniciales que el precio solo se justifica por la decoración tan peculiar y el ambiente tan acogedor. La pasta buena, y quizás no tuvieramos suerte con el camarero ni con el carpaccio.
Repetiremos en un tiempo....
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