"No es para tanto", es el comentario que suele salir en innumerables ocasiones cuando al final se acaba acudiendo, a un lugar tan mediático como el que nos ocupa. Y del no es para tanto al "mucho mejor en fulanito", hay un paso.
Emplazamiento absolutamente excepcional, al pie mismo del acueducto, la propia construcción parece retrotraerte tres siglos atrás, y casi es imposible no imaginar como sería por entonces una casa de comidas en Segovia. Una vez dentro del local, la decoración y estructura interior hacen juego con lo que se observa desde el exterior, mobiliario antiguo, que roza la incomodidad, tanto las mesas (un tanto pequeñas), como las sillas (no llegué a decidirme si en realidad eran cómodas o no), pero el ser recibidos con la cordialidad con la que te recibe Cándido (II), hace que la impresión es que esté invitándote a comer en su propia casa, la palabra entrañable se queda escasa, todo ello hace te hace perdonar en parte, quizás lo sobrecargado de mesas del local, lo cual no impide en absoluto que haya esperas excesivas o molestias. El servicio en general de lo más correcto, no destacaron ni positiva, ni negativamente. Vestido de mesa y accesorios, mejorables, tanto esto último como el estado de los sevicios, le privan de recibir un 10 en el entorno.
De lo puramente gastronómico, judiones de La Granja (9 €) y cochinillo (19,5 €), quizás para la gente del lugar, se puede quedar un poco corta la carta, pero para los que vamos una vez (y quien sabe si podremos volver), no necesitamos nada más, riquísimos ambos, ¿los mejores del mundo?, ¿a la altura de su fama?, no seré yo quien conteste a dichas preguntas, pero sin duda estaban ambos excelentes, y me atrevería a decir que ligeramente mejor que en otro restaurante igualmente afamado en el boca a boca, pero menos mediático. Raciones generosas, también probamos una ternera asada que se podría calificar de bastante floja, y postres tradicionales, de los cuales pudimos probar una pirámide de chocolate blanco, digna de un menú del día de carretera, tanto el postre como la ternera, le hacen bajar puntuación, pero limitándose al cochinillo y los judiones podría ser con facilidad un 8,5.
Carta de vinos y servicio del mismo normalito, sin mucha historia y con precio no excesivamente abusivos (tirando de memoria Hacienda Monasterio: 28€, Viña Sastre 20 €), cristalería, pues igual, flojita, pero tampoco nada negativo.
Precio total: Judiones a compartir, una de cochinillo, una de ternera, un postre (6€), vino agua y un carajillo: 98 € de 2 personas.
Conclusión, para mí es una visita obligada, clara víctima del exceso de fama que nos lleva a hacernos unas expectativas mayores de la realidad, o quizás el hecho de haber oído tan mal recientemente, me ha hecho valorarlo mejor de lo que podía haberse previsto, quién sabe, de todas formas aun le queda mucha vida antes de llegar a morir de fama.
Por cierto, acompañamos la comida con un Dominio de Atauta 2005 (36 €), que "no es para tanto".