El hábito no hace el monje

Precioso restaurante, la verdad es que esa entrada con patio central, pozo, etc. hace presagiar mucho más.

Llegamos a la barra para tomar una tapa, pero los camareros estaban más preocupados en servirse su almuerzo que en atender a los clientes (solo 4 a las 13:00 ya era una buena pista). Mientras uno le comentaba al otro que no habia desayunado y desaparecia por el fondo con su oportuno avituallamiento de la misma barra, el otro nos servia dos minusculos chatos de vino.

El remate es cuando de la pizarra de tapas y raciones nos decidimos por un par de ellas que parecian atractivas, la respuesta "solo por la noche". Por el día un par de bocatines, un par de montaditos sin el más mínimo atractivo y poco más.

Asi que poco podemos decir, salvo que mejor por la noche y rezando para que los camareros hayan merendado.

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