Aunque estoy conforme con algunos de los comentarios, creo que hay cosas que han mejorado. El lugar bastante cómodo por espacio y tal (aunque había unos ingleses en una mesa que se les oía en todo el restaurante), moderno, pero algo frío. El servicio nada frío, sino cercano y agradable, permitiéndose algunas bromas oportunas sobre la marcha. La carta de vinos, al principio curiosa, luego te pone de los nervios al no poder verla bien. Blancos muy pocos, y finalmente nos decantamos por un burdeos de 36 euros, muy bien servido y en copas adecuadas (mejorables pero adecuadas). El menú degustación (nos decantamos por el Alejandro) muy curioso (como la "tortilla de patata 2001"), con bastantes cantidades (el principal, mar y montaña, incluso excesivo). Destacaron el carpaccio de rojo con helado de yogurt griego y el erizo de mar con sopa de horchata y clóxina. El postre muy acertado, aunque un fallo con el vino dulce, pues lo pedimos y en lugar de dejarnos otra vez la carta decidieron ellos el que nos ponían (eso sí, regalo de la casa). RCP regular, 115€ por cabeza, quizá la estrella michelín les ha animado a subir precios, pero por ese importe, los hay mejores en Valencia.
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