Cálida y exquista rusticidad.

Pepa en los fogones, Manolo en sala.

Madre e hijo inician una nueva etapa con mucha ilusión, acercando más su cocina al pueblo y concediéndole gran protagonismo al horno de leña en el que cocinan paellas, arroces, lechazo, cabrito... (lo que quieras si lo encargas) y elaboran el pan casero.

El reabierto restaurante, ubicado en un chalet de La Cañada, también reordena su distribución, otorgándole mayor importancia a la zona antigua, más cálida e intimista, y restándosela al amplio anexo que ahora reservan para celebraciones.

Cocina sencilla, regional, con distinguidos toques y detallitos que reflejan el buen gusto que tiene esta familia.

• De los entrantes destaco la "Croqueta de huevo y espinacas", los "Morteritos de Sanfaina y Ajoarriero" y la "Ensalada de Queso azul, tomates secos y patatas cocidas".
• En cuanto a los principales, el "Arroz Rossejat", espectacular. En realidad, bordan todos los arroces y fideuás que trabajan. He tenido el gusto de probar también, y entre otros, el "Meloso de Setas y Chorizo" y el "Fideuá de Pichón y Foie", ambos rompedores.
• Los postres mantienen el tipo con buenas Tartas caseras varias y una curiosa y regresiva "Torrija con requesón y miel".

Escueta pero muy correcta carta de vinos. Manolo sabe tratarlos y siempre tiene alguna joyita fuera de carta.

El servicio, sobresaliente, brindado por él mismo con ese cuajo profesional que permite dar cercanía o distancia en función de las necesidades del cliente.

Se merecen que esta apuesta resulte ganadora.

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