Restaurante DiverXO: Algo no va bien


Volvimos a Diverxo después de algún tiempo sin ir por allí. El nuevo local es amplio y agradable, con mesas separadas y cubertería y vajilla de primera. El servicio de los camareros excelente y muy eficaz. No así el de la maitre que, manteniendo siempre una actitud correcta, parece no escuchar los comentarios que se le hacen, si no son de su agrado. ¿Hay que recordar que el cliente siempre tiene la razón? ¿Hay que recordar el viejo dicho de que la persona que no sabe sonreír no debe abrir una tienda? En fin, todo esto serian detalles sin importancia (todos tenemos días atravesados) si no fuera por un problema más de fondo: lo que sale de la cocina.

Algo ha cambiado ( y no para bien EHMO) en el tipo de platos que sirve Diverxo. Por un lado hay platos sabroso y bien conjuntados (el dim sum con liebre y navaja, la piel de cochinillo confitada, la clásica gamba frita al reves) pero hay otros solo pasables (el mejillón tigre, la hamburguesa de presa), otros donde a la materia prima le falta gracia (el rape sellado, donde el maquillaje se impone al escaso sabor del pez, el dimsum envuelto el tela de leche y relleno de trompetas, de un sabor poco definido) y otros claramente erróneos tanto de concepto como de sazonamiento (el soft-shell crab anegado de pimentón que también afecta a changurro con poca gracia). Cuando se pagaban 50 euros por cabeza, algún desliz era tolerable y hasta tenía gracia (aquel disparatado foie con berberechos…). Pero cuando se esta en un nivel de precios donde, a poco que se deje uno llevar por la tentadora (y cara) carta de vinos, se superan los 150 euros por persona, estos fallos ya no son de recibo.

Cuidado. Es posible que todavía la lista de espera sea de un mes. Pero el boca a oreja funciona. Y a este nivel de precios, los fallos pasan factura mas deprisa de lo que se piensa. Esperemos que se corrija el rumbo.

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