Restaurante Garum: Esas albóndigas de ciervo...


Por los aledaños de la Plaza San Francisco encontramos este buen restaurante, todavía no muy conocido en Zaragoza.

Un vivero a un lado y una bodega acristalada al otro hacen de separador entre el recibidor y la sala, rectangular.
Decoración moderna y sin embargo cálida, calidez lograda por el juego de los verdes tamizados de la pintura y la iluminación intimista.
Bien dotado en lo referente a mobiliario, vajilla, copas, mantelería, etc... y holgada separación tanto de mesas como de comensales.

Cocina sofisticada de mercado, actual pero equilibrada.

---Entrantes:
Cogollos con perdiz escabechada y rebollones confitados. Lograda conjunción.
Gambas de Palamós a la plancha. Estupenda calidad y punto de sal y plancha.
Tagliatelle de tinta con centollo, langostino y salsa de azafrán. Quizás el plato más flojo, algo seco y carente de alegría.
Terrina de foie mi-cuit con chutney de mango y mermelada de violetas. Bueno, pues eso, un foie mi-cuit de tantos.

---Segundo:
Albóndigas de ciervo con chipirón de costa y parmenier de calabaza. Excelsas. Pese a que no entiendo muy bien que hacían ahí despistando los chipirones, las albóndigas de ciervo estaban formidables, con un sabor vigoroso y ligadas con experta mano, muy jugosas pero enteras, sin deshacerse en el plato pero sí en la boca.

La cata de vinos es correcta pero no mantiene el nivel del resto de restaurante, al igual que su trato, simplemente discreto.
Nos decantamos por un infalible Tres Picos al que le siguió (¡qué maridaje con las albóndigas!) el fornido Veratón. Dos garnachas serias, serias, ambas de Campo de Borja.

Buen servicio, profesional.

Restaurante recomendable y a seguir.

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