Restaurante Almunia en Valencia
  

Restaurante Almunia

6
Datos de Almunia
Precio Medio:
21 €
Valoración Media:
6.8 10
Servicio del vino:
4.0 10
Comida:
7.3 10
Entorno:
7.0 10
Calidad-precio:
8.2 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Ciutat Vella
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Marroquí
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 13,50 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: domingos por la noche

Teléfono


6 Opiniones de Almunia

Me ha gustado esta experiencia. Y considero haber dado un paso en esta especie de "carrera gastronómica". Diría que incluso es el paso adecuado, pues hay más cercanía en estas dos culturas de lo que parece, o mejor dicho, me parecía.

El local tiene ese "sabor" marroquí. Está bien ambientado, tanto mobiliariamente como musicalmente. Cuenta con un par de reservados o rincones que en un grupo no muy numeroso han de dar la intimidad pretendida. La vajilla empleada forma también parte de todo este folklore.

Disponen de un menú, incluido fin de semana, que como vayas con [email protected], tal y como fue el caso, y pidas diferente, acabas por montarte un particular degustación.

Empezamos compartiendo un pisto y un humus con su pan marroquí, seguimos con un tajín de albóndigas y un cuscús de ternera con verduras, y finalizamos con un rollito de chocolate y un dulce de almendra.

Más suave el pisto que el humus, el cual tenía una importante presencia de comino, aunque especiados ambos.
Las albóndigas, pequeñas y firmes, muy bien elaboradas. Suaves y sobradas de salsa de tomate, por otra parte.
El cuscús para mi de 10. Me resultó como un cocido al fin y al cabo, con mucho sabor, del que no va entrecomillado. Garrón de ternera, calabaza, calabacín, repollo, nabo... Servido con su caldo aparte, que hay que ver cómo lo absorve la sémola. Junto a estos platos nos sacaron un platito de Harissa que acabé empleando casi en exclusiva con las albóndigas. Salsa que pica pero que no muerde. Me apuntó el camarero y dueño a la par, que la hacían ellos.
Especial el rollito relleno de chocolate. Se fríe, quedando crujiente y con el sabor de los churros. Y pasable esa especie de mazapán con cobertura de chocolate.

Ahora, que lo que no podíamos pasar por alto era su té moruno. Servido con su correspondiente manera.

En cuanto a lo bebido, un par de copas de un tinto que tienen para este fin. Le pregunté sobre si era de su país y me comentó que sí, aunque cuando me enseñó la botella estaba embotellado en Pineda de Mar. Luego... no sé. El caso es que era un cabernet sauvignon pelín astringente pero que fue bien con lo comido. Las copas de esas pequeñas de batalla. Habría que comprobar si cuando pides alguna botella de su exigua carta de vinos, estos visiblemente marroquíes, las copas cambian.

Finalmente me fui con la sensación de haber pagado poco por dicha experiencia. Asi que... Shokran!

  • Postres marroquíes

  • Té moruno

  • Caldo para cuscús y harissa

  • Cuscús de ternera verduras

  • Tajín de albóndigas

  • Vajilla

Valencia aún conserva en el centro algunas de estas calles estrechas peatonales por las que encuentras verdaderas sorpresas, como este restaurante marroquí que desconocía.

Como cuenta Aurelio en su valoración precedente, sorprende el al encontrar esa sala que crea una atmósfera cálida que transporta a un restaurante en Marruecos. Dispone de una especia de privados donde sin duda aún se estará más cómodo y ambientado.

Optamos por el menú de mediodía (que sirven en domingo) y es muy completo. Para probar varios platos optamos por un paté de berenjenas, bastante bueno, un pisto de tomate y un pisto de zanahorias, ambos buena opción.

De segundo compartimos un cuscús de verduras y unas albóndigas bastante buenas.

El menú termina con una pasta frita con chocolate cuyo sabor recuerda al de un chocolate con churros, lo que me pareció un juego, no pretendido pero logrado, muy divertido, sobre todo en Valencia, donde es muy típica esta combinación.

No es el mejor restaurante marroquí de la ciudad pero me parece una muy buena opción en la zona centro, donde a veces es tan complicado encontrar un buen lugar donde comer.

La carta de vinos prácticamente no existe, se reduce a unos cuantos vinos marroquíes así que acabamos optando por uno de esos vinos grises que más que buenos, casan tan bien con esta cocina.

Al ir a Ostras Pedrín a tomar el aperitivo, me fijé que esa calle, la encantadora calle Bonaire, y sus bocacalles, estaban plagadas de restaurantes marroquíes. Nunca me había fijado, oye. ¿Y a qué se deberá ese cúmulo?

El día de San Aurelio (San Vicente) tiene que tener cocina étnica ya por tradición, así que qué mejor, pensé. ¿Pero a cuál de todos estos? La respuesta a mis dudas se disipó en la barra de Ostras Pedrín, pues hice allá dos amigachos (esas escuelas de socialización que son la barras decíamos…) y al irme, como habían comentado que vivían por la zona, les pregunté que si me recomendaban alguno.

Ah amigo! No sólo me lo recomendó, sino que dejó a su pareja en la barra, me agarró del brazo y me acompañó hasta la cocina de uno, literalmente hasta la cocina, y me presentó al dueño. “Abdul, que vengo por aquí con un amigo, trátamelo bien!” Y ahí me dejó, bien acomodado. Gracias brother. Y me trataron muy bien. Sí señor. Cómo me mola socializar en las barras de España, oño, es que es una delicia.

El local realmente me sorprendió. La entrada es pequeña y austera, nada te hace pensar que una vez dentro, tras pasar una barrilla, te vas a encontrar con ese pedazo de sala, amplia, con esos techos altísimos, y perfectamente ambientada en plan marroquí. Guapo el sitio, forrado de ladrillo mudéjar y con vigas de madera. Y lograda la iluminación, tenue, amarillenta. Muy étnico el tema.

Carta amplia con varios menús. Quería uno que llevaba pastela, pero la pastela hay que encargarla. Caaaachisdiez.

Así que tomé un degus de 20€ muy “apañao”, en el que se suceden una ensalada, una empanadilla, un plato con humus y pisto marroquí, torta árabe y cuscús de pollo.

Pues muy correcta y casera esa cocina marroquí, sí. No lloré de alegría, pero disfruté. Fíjate qué curioso que lo que más me gustó fue el pisto, oye. Trabajadito, meloso, acariciante, dulcecillo… Yo creo que iba cargadito de chalota.

Rico el humus, la torta árabe era muy rollo pita, la empanadilla en plan pastela, me quité el mono (mentira, tengo entre ceja y veja volver a tomarme una entera pa mí solo), y abundante, desbordante el cuscús.

Bebí una botella de vino marroquí llamado Boulaouane, de la añada 2012, un copupage cabernet sauvignon - merlot que se dejaba beber. No hacen mal vino por allá, no. No es pa tirar cohetes, pero se deja beber como digo.

Se hizo tarde, ya llegué tarde con la liada de las ostras y el erizo… Pues pa casa oye, que ya irán volviendo de currar o estudiar mis chicas.

“Pobre de mí, pobre de mí, se han acabao las fiestas de San Aurelín”

LLegando por estrechas calles peatonales y con una entrada convencional, no esperas encontrarte con un lugar tan grande ni tan amplio ni tan bonito.
Al entrar está la barra a mano derecha y ya en el interior, el comedor ocupa el espacio central, con un par de intimistas y acogedores rincones. Las paredes de ladrillo antiguo,lámparas y tapices, y las mesas de mosaico con motivos árabes así como la vajilla (aunque hecha en china, es lo que tiene la globalización). La verdad es que el restaurante es una preciosidad. Lo único que desentona es un enorme televisor en la pared que da a la cocina.
Para comer pedimos: ensalada marroquí, canónigos con roquefort y pasas, normalita;
pisto, muy cocinado pero no tamizado y con aromas de comino, muy bueno; cuscús de ternera con el caldo aparte con una curiosa cuchara de madera, pero con la carne algo fibrosa, bueno;
tajine de pollo sólo correcto,con escaso sabor a pesar del acompañamiento;
Las raciones generosas, por lo que ofrecen tuper para llevar como así hicimos. El servicio muy amable y eficaz. En la carta sólo aparecen vinos marroquís, no nos atrevimos y acabamos bebiendo 2 botellas de vino blanco turbio bastante agradable en vasos pequeños (la mesa de al lado, con copas, bebió un cabernet-merlot marroquí y decían que estaba bueno).
Ofrecen para terminar un sabroso té y unos dulces muy buenos por cortesía de la casa. La clientela en general ese día era gente muy joven.
Quizás la cocina no es tan sabrosa como en dukala ni tan casera como e en el zakarías de russafa, pero el bonito local bien merece una visita, sobre todo en pareja.

Efectivamente, coincido con el anterior comentario. Nosotros pedimos el menú degustación de 20 euros (disponen de otro, que incluye pastela, a 25 euros), y todo estaba bastante bien, sabroso y abundante. Hummus, tallín, cous-cous, dulces típicos... se finaliza con un buen té.
El local está típicamente decorado, y además, creo que los viernes y sábados se ameniza la cena con una señorita que se dedica al baile.
Otro cantar es la carta de vinos. El menú degustación incluye un tinto de la casa que se sirvió a temperatura ambiente. No disponían de ningún tipo de enfriador. No se si hay copas, nosotros lo bebimos en chatos.
Si se obvia este tema, se puede disfrutar de una agradable cocina marroquí, a un precio muy comedido.

He ido como unas 5 veces a este sitio en los ultimos dos meses , ME ENCANTA , me lo recomendo un buen amigo y la verdad un acierto.

Hacen un menu por 18 euros que te chupas los dedos y ademas super abundante para los muy muy comedores.

El menu recoge lo mas tipico marroqui , hummus , pisto como el nuestro valenciano aunque un poco mas especiado ( buenisimo ) briouts ( empanadillas rellenas de pollo ) cous cous , yo siempre pido el de pollo con pasas y cebolla dulce , un diez.

El postres tipico marroqui rollitos de chocolate , un diez otra vez.

En fin no dudeis en ir yaaa.

Por fin cocina marroqui de calidad y aun precio de verdad fantastico

Enhorabuena.

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