Restaurante Santo: Martín Berasategui de segunda división.


Visita tras la incorporación de Martín Berasategui a los fogones de Santo, ahora rebautizado como "Santo Martín Berasategui". Restaurante del hotel EME fusión junto a la catedral de Sevilla. Almuerzo para dos personas, eligiendo el "gran menú degustación", en el cual según el camarero se incluyen "los mejores platos de los últimos 20 años de Martín Bersasategui". El menú está compuesto de tres entrantes, dos platos y dos postres y hay posibilidad de maridaje. Por supuesto, tenía las más altas expectativas en la comida, que no se vieron satisfechas.

Se inicia con el gazpacho de melocotón de viña con berberechos al txacolí (que sirvieron con Jerez), bueno de sabor, pero con algo de arena. Continúa con el mejor plato sin duda, el milhojas caramelizado de foie, anguila ahumada, cebolleta fresca y manzana ácida, simplemente espectacular. Como tercer entrante, la ensalada tibia de tuétanos de verdura con marisco, crema de lechuga de caserío y jugo yodado, buena, aunque de mucho menos nivel que el plato anterior. Corvina asada con caldo de acelgas y pil pil de mostaza (correcta, sin más) y tako (sí, tako) de buey a la brasa con terrina de patatas y mermelada de hongos. De postre, el frío y caliente de manzana y raíces, un chupito raro, raro, raro, dulce y amargo y el soufflé de chocolate con crema helada de caramelo, muy empalagoso. De beber agua, por el tema de conducir.

La impresión general es de ligera decepción. No hay snacks al inicio, ni petit fours al final. No se trata ni por asomo de los mejores platos de Berasategui (he estado en dos ocasiones), sino probablemente (y esto es elucubración mía) los más fáciles de exportar a otros restaurantes sin que se precise el personal ni la infraestructura que tiene el local de Lasarte. El servicio pregunta constantemente si te está gustando la comida, resultando un poco molesto al final y sobre todo, te queda una sensación de ligereza en el estómago al salir que no debería estar tras el desembolso que se hace.

Personalmente creo que estos locales tipo "by fulanito", lejos de agrandar la influencia de los chefs, hacen un flaco favor a los mismos, aunque probablemente fuese tema para un hilo del foro. La avaricia rompe el saco, Martín.

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