En principio, la intención de este restaurante es buena (“recuperar” la comida tradicional catalana y volver a los orígenes del Gaig) pero no me convenció mucho. Local y servicio aceptables (aunque con peros: al ser parte de los asientos un sofá pegado a la pared algunos teníamos que cogerle el plato al camarero de las manos; además, a veces se podía oler claramente el humo de la sala de fumadores). Tardaron bastante en tomar nota y la espera entre platos fue también bastante larga (suerte que estábamos animados y no nos importó demasiado). Copas Riedel pero poco criterio para elegirlas (en la misma mesa teníamos copas diferentes para un mismo vino). Precio de los vinos: tienda x 2-2.5. La comida, normalita: en mi caso, canelones (bien) y vieiras con salteado de alcachofas (regular, las vieiras excesivamente saladas (tanto mi plato como el de otros comensales)). Conclusión: nada excepcional y precios altos para lo que ofrecen.
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