¿Para qué innovar si les funciona?

Un jueves, y a reventar.
Establecimiento de reciente apertura, otro más de esta exitosa franquicia.
Las instalaciones son magníficas. Se encuentran divididas en varias estancias, una de ellas, la que sirve de entrada, semiporche.
Se percibe una fuerte inversión económica en diseño, en el que destacaría la abigarrada pero resultona disposición de pantallas en los techos.
Mesas con manteles blancos, sillas de cuero blancas y negras alternando, paredes decoradas con cortes rectangulares de piel de vaca, grandes retratos de famosos en blanco y negro con marcos y formas ovaladas, suelo de madera... La sala en la que nos ubicaron estaba delimitada por una falsa estrecha bodega vista a un lado y una falsa librería blanca a otro.
En cuanto a la cocina, nada nuevo: ensaladas, especialidades cárnicas argentinas de calidad media, algún plato ibérico... ¿para qué innovar si les funciona?.
Carta de vinos exigua, centrada en Riojas. Unicamente tres argentinos: dos Malbecs en carta (no disponían de ninguno) y un Syrah de Mendoza, Alvear, que estaba rico. Precios muy razonables. Copas y trato del vino deficientes.
El servicio, nutrido, serio y profesional. Bien dirigido.
En resumen, comes correctamente en un marco vanidoso, bien servido y a precios más que razonables. Funciona.

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