He esperado casi un año para valorar "2 palillos", y sobre todo, por ver las reacciones de mis conocidos y los listeros de verema. Curiosamente, el concepto de el Bulli en la urbe, no ha tenido tanta repercusión como yo pensaba. Tal vez, en estos momentos la gente estamos un poco escamados y, no es fácil llevarnos a comer sólo con marketing y bombardeo mediático, casi diría que, en mi caso, eso juega en contra.
Dos palillos presenta una acogida impresentable en su parte exterior. En el colmo del recochineo, se pretende que la gente se siente sobre cajas de plástico, como si de una taberna de mala muerte se tratara. En la zona interior, la cosa cambia radicalmente, y la experiencia de la brigada se muestra como un gran espectáculo, tanto en el aseo del local, como en la pericia de los cocineros. Creo que lo que se cocina es de alto nivel imaginativo y no puede compararse con ningún oriental al uso. Los sabores son logrados y originales.
Añado como curiosidad, que el día en que fuimos, recién inaugurado, se respiraba un ambiente de amiguismo y de personal fashion, que a nosostros nos dio la desagaradable sensación de ser los únicos que abonábamos la cuenta. Pero esto no es un factor que puntúe.
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