Dentro del mundo de las tapas y platillos con el que El Bulli marca a sus alumnos, ha aparecido en Barcelona este restaurante situado cerca del MACBA y al lado del hotel Camper, de la mano de Albert Raurich. Acudimos con nuestro Club Gourmet. Hay dos zonas para comer, una primera barra más corta con carta y otra barra al fondo con más capacidad, donde nos instalamos. Buena puesta en escena, con los comensales sentados alrededor de las planchas de la cocina, donde casi todo se prepara a la vista en un entorno de diseño moderno. El servicio y la atención son correctos, sin pompas, y se puede escoger entre dos menus de tendencias asiáticas (uno con más platos que el otro). Casi todos los platos tienen influencias de cocinas asiáticas, y con explicación incluida al servicio de cada plato. La carta de vinos no es muy abundante y con pocas referencias nacionales e internacionales; quieren tener un poco de todo, pero sin profundizar en nada. Insuficiente.
El ritmo del servicio es el adecuado y los postres carecen de la inventiva de sus platos precedentes, falta trabajar en ellos. Es otro local de moda en Barcelona.
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