Cuando comes en un restaurante de este tipo, la alta cocina moderna se diluye y olvida. ¿Quién era ese Heston Blumenthal? ¿A quién le importa?
Producto y más producto que empieza en la selección de los bueyes -antes trabajadores del Rocío o conductores de reses bravas en encierros- y continua en la dehesa donde los animales gozan de una alimentación exenta de piensos industriales (comen müesli, comentaba el amigo Ramico) y de una semi-libertad que hace que los últimos tres años de su vida antes de su sacrificio, sean algo muy cercano a lo que debe ser el paraíso del toro. Sin preocupaciones femeninas, con campo para pasear a sus anchas y con comida de calidad.
Todo esto se traduce en una carne que sin duda es distinta a lo que yo había probado hasta ahora.
Más delicada y menos fuerte que la de vaca y con una grasa blanca que según el restaurador es característica del buey, siendo la de vaca amarillenta.
Creo que anduve cerca de la ingesta de 1 kg sin que mi compañeros de mesa se enteraran.
Gracias a JmInfante por descubrirnos este templo carnívoro.
Muy buena bodega, que el sumiller está potenciando en este momento.
Aconsejable.
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