Restaurante Au Pied de Cochon en Paris

Restaurante Au Pied de Cochon

Datos de Au Pied de Cochon
Precio Medio:
50 €
Valoración Media:
7.6 10
Servicio del vino:
7.0 10
Comida:
8.5 10
Entorno:
7.3 10
Calidad-precio:
7.8 10
Fotos:
 
País: Francia
Localidad: Paris
Dirección: 6, rue Coquilière
Código postal: 75001
Tipo de cocina: Francesa
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 36,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


6 Opiniones de Au Pied de Cochon

Local que ya ha descrito muy bien Aurelio (G.M.) en comentario anterior y tan solo añadiré que tiene cola para comer, siempre lleno y dificil de conseguir sitio. Tuvimos suerte tras una leve espera amenizada en la barra con unos encurtidos y aceitunas de buen tamaño.
Sus clásicos manteles de cuadros rojos destaca en la decoración del lugar con mucho parisino sentado a sus mesas, aunque también gente de rasgos asiáticos con guias turísticas Michelin en la mano. Mesas muy juntas que repiten servicios de forma continuada durante todo el dia.

Cuatro para comer en una carta con cocina casera francesa además de unas muestras del mar que hay a la entrada interesantes.
Compartimos:
. un excelente pan y confitura de cochon para ir contactando con el cerdito.
. mejillones tradicionales (moules gourmandes) con sus tradicionales patatas fritas
. ostras Guillardeaux del nº con 2 piezas por persona
Principales:
. dos de le famous pied de cochon tradicional: una señora pata de cerdo entera, rebozada y asada acompañada de verdura y patatas fritas y salsa Béarnaise
. Tentation de Saint Antoin, el patrón de los charcuteros (con rabo, oreja y morro): más contundente que el anterior, igualmente empanado y con salsa Béarnaise.
. una ensalada para quien no tenía hambre, Gran salade Gourmande, pero que lleva magret de pato, foie, mollejas y alguna cosa más de fundamento

No nos atrevimos al postre pero si a unos cafés que conllevan unos petits fours para llevárselos a casa. unos merengues en forma de cabeza de cerdito perfectamente hechos.

Un menú "pa verse matao".

Hay menús entre las opciones de carta, además de varias especialidades y pescados y carnes, aunque con predominio de la carne de cerdo.
Carta de vinos amplia y cara y una mini carta con recomendaciones del chef que se agradece; tomamos un Mouton Cadet, un bordeaux 2012 muy interesante con un servicio profesional y sin apretar. De agua iniciamos con una mineral Badoit para luego pasar ala botella de agua casera no mineral ta buena como la anterior. tambien y previamente un Zero y una cerveza 1664 (a 7.70€).

Un local con acreditada y bien ganada fama donde hay que probar su emblemático pied de cochon. Merece mucho la pena.

Nueva visita al local, tras ver las expectativas de la zona. Esta ves de cena para tomar la excelente sopa de cebolla gratinada, junto a los riñones de buey flambeados al coñac (un gran descubrimiento)y de postre Baba al ron.
Nos recomendaron un vino de Borgoña para acompañar los platos.
Al terminar nos obsequiaron con unas pastas en forma de "cerditos".
Una vez más,salimos muy contentos del local.

Nueva visita a un clásico parisino en Les Halles, que no falla. Buena relación calidad precio en pleno centro de París.
La comida fue la siguiente:

* Ensalada de endivias, nueces de Macadamia, peras y queso Roquefort (buenísima).
* Pied de Cochon grillé (lo clásico)
* Crème Brûlée

Vino Châteaneauff du Pape.

La atención del personal impecable.

Emplazado en el encantadora zona de Les Halles.

Comprende un precioso edificio antiguo completo, maravillosamente iluminado, con sus clásicas terrazas parisinas en la planta calle y un expositor de los productos frescos del mar que ofertan en su carta, aunque el rótulo luminoso de la fachada nos anticipa el estilo de la decoración interior: abigarrada, con paredes cuajadas de angelotes, frutos y plantas, lámparas indescriptibles de cristal de tres pisos también con motivos frutales, tapicerías de polipiel y suelos enmoquetados, todo en rojo...
Nos ubicaron en un lugar privilegiado de la segunda planta, en una mesa amplia para lo que es París, y junto a la ventana. De cine.
Pese a la ornamentación descrita (espantosa a mi juicio) lo cierto es que nos encontramos francamente a gusto, con el encanto de lo inesperado.

Cocina francesa especializada, como su nombre indica, en las manitas de cerdo y demás derivados del mismo, aunque también tiene buena oferta y salida de marisco, ostras principalmente.
Un restaurante orientado tanto al nacional como al turista, disponiendo incluso de carta en español, lo que es muy de agradecer.

Tomamos dos entrantes, dos platos y un postre para compartir entre dos:

Carpaccio de manitas de cerdo con salsa vinagreta y mostaza a la antigua. ¿A qué habíamos venido? Pues eso. Sabroso, evidentemente muy graso, cortado demasiado grueso y no muy armonizado con la salsa, pero rico, rico.

Tartar de salmón de Escocia a las hierbas con guarnición de ensalada. Bien, buen género y buen corte.

“La famosa pata de cerdo” asada a la bearnesa con patatas fritas. Tremenda ración. La manita enterita y más, no se, como 30 centímetros. Se salía del plato. Iba toda ella rebozada finamente, como para sujetar y dar forma, pues su interior se deshacía. Tierna, jugosa, gelatinosa y suculenta. Un único pero: un poco fría. Ese bocado, tan especial debe estar muy caliente. Un plato “no para cualquiera”…

Riñón de ternera flambeado al Coñac. Sin duda el mejor plato que probé en los cuatro días que duró mi último viaje a París. Un auténtico espectáculo. Lo cocinó el camarero discretamente junto a nuestra mesa, tras un mueblecillo con separador incorporado. Comenzó a faenar con los aperitivos y finalizó su creación cuando tocaba servirla. Flambeando suavemente, el hombre iba, venía, elevaba intensidad, disminuía, movía, removía… Resultó un bocado exquisito: la textura del riñón, de locura, y una salsa trabadita con los jugos que exudó la víscera, el coñac y algo más que no nos quiso decir (juró y perjuró que no llevaba nada más y que él lo elaboró totalmente, que no salía ya precocinado).

Copa “La Vie en Rose” , una desacertada mezcolanza, exactamente de helado de rosa, sorbete de fresa, confit de pétalos de rosa, chantillí y merengue.

Correcta carta de vinos, por botellas, jarras o copas. Absolutamente todas las referencias, francesas. Tomamos una copa de champagne de aperitivo (15€ la copita…), una botella de Rieslig Cuvee Louis Klipfel 09 para continuar (14€) y para rematar una copa de un buen tinto bordelés, Chateau La Fon du Berger 06 (9€). Todos ellos servidos en copas que en España calificaríamos como mediocres si estuviéramos de buen humor. El tinto a buena temperatura, pero como de costumbre, el champagne y el blanco faltos de frío, aunque ambos estaban soberbios.

Servicio elegante, perfecto. Guardando las distancias cuando tocaba y atendiendo diligentemente cuando lo requerías.

Un lugar recomendable, quizás demasiado turístico, pero recomendable (para aquél que le guste este tipo de viandas claro…)

P.D.: Aconsejo, antes o después de comer/cenar, pasear y tomar algo por la deliciosa rue Montorgueil, una calle peatonal que nace en la propia calle del restaurante. Qué vida tiene, qué regustillo y qué alternancia de tradición y modernidad en los locales. Era domingo noche y estaba todo abierto, con gentes relajadas en las terrazas, cenando o tomando café, copas…

Acudimos al comer el sabado 22 por recomendacion de un amigo y como ibamos escaldados de la experiencia de la noche anterior (Le petit chatelet...ver critica) nos daba miedo otro sitio si cabe mas turistico y famoso.
La fachada ya indica que asi es...
Pues bien, llegamos e indicamos que teniamos una reserva y amablemente nos llevaron a la unica buena mesa que quedaba (y que nosotros ya habiamos visto) y que tenia la tarjeta de reserva con nuestro nombre. El camarero sepresentó amablemente preguntando de donde eramos e indicando que aunque nos daba una carta en español si teniamos cualquier duda le dijeramos.
Pedimos lo habitual alli, es decir las manitas de certo. Un plato es el tipico a la plancha y el otro era un surtido de cerdo. Habiamos ido alli a comer eso. Estaba exquisito. Para la espera nos pusieron un pate de cerdo buenisimo y trajeron con diligencia el vino que fue el "reserve" de la casa bastante aceptable a 21 €.
Como quedamos muy llenos no pedimos postre. Tan solo cafe.
Por lo que vimos en otras mesas ( juntas pero a una distancia aceptable que permite intimidad) habia otros productos que parecian de buena calidad y bien presentados: ostras, carne, bourguignone...)
En resumen un sitio recomendable por lo tipico y famoso que no defrauda sobre todo si vas a comer su plato estrella.

Situado en les Halles, junto a la iglesia gótica de San Eustáquio.
Famoso por la sopa de cebolla gratinada y los derivados del cerdo, siendo un clásico "los pies del cerdo" que da nombre al restaurante.
Además tiene un amplio surtido de buen marisco.
Precio razonable en pleno centro de París.
Buena carta de vinos franceses.

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