Fuimos el otro día a cenar al Pastis, ya que nos lo habían recomendado unos compañeros...
Nada más entrar, veo un sitio muy "chic", tipo bistrot francés, con mesas mínimas y todas juntitas, para escuchar bien a los vecinos. En fin, eso no es ningun problema.
A la media hora de llegar, nos sientan en nuestra "mesa" y nos dejan la carta de vinos. Sorpresa: sólo 10 referencias a vinos tintos, un ribera y un rioja. Pedimos un vino tinto, y a esperar.
Nos traen el vino, y media hora después unos trocitos de pan y aceite. Cuando ya nos hemos comido todo el pan y el aceite, y después de casi acabar la botella de vino, llega el primero. Había pasado exactamente una hora y media desde que llegamos al restaurante.
Para el segundo plato, otra botella y otra hora después, ya estábamos con un cabreo de narices. Resumiendo: entramos a las 9.30 y salimos a las 12.30. Pedimos la hoja de reclamaciones, y nos dice la dueña QUE NO LA ENCONTRABA...
No volveré jamás, qué decepción y qué mal rollo. Nos fastidiaron la noche.
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