El restaurante tiene una zona de tapeo a la entrada en una surtida barra y unas mesas enfrente que es lo que voy a valorar. El restaurante propiamente dicho estaba al fondo y arriba.
En una peatonal y concurrida a la vez que atractiva calle que da al templo principal de Aranda cuya fachada es digna de una catedral, encontramos este restaurante.
Mesón castellano antiguo, que denota "unos cuantos años a sus espaldas". A mi me van mucho estos sitios, no sé como expresarlo es como si "tuvieran alma", y sensación de calidez, simplemente es un gusto personal...
Allí en la concurrida barra, casi empujando y haciendo sitio ;)), (es un decir, la gente en Castilla es muy respetuosa), la gente se agolpa y pide vinos por copas. Las copas muy buenas dado lo ajustado que me parecían el precio de las mismas, no sabría el numero de referencia pero muchísimas, principalmente riberas jóvenes y crianzas.
Las mujeres sentadas en una de las meses que habían enfrente y como parecía no haber servicio de mesas, les íbamos suministrando vinos y tapas desde la barra. Las tapas no estaban mal resueltas para el precio que tenian. Los camareros van un poco "agobiaos" pero en la factura final se agradece. Tomas dos o tres vinos y una caña y tapas suficientes por "cuatro pesetas".
En definitiva, una buena opción para la noche después de un copioso lechazo a mediodía.
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