Lunes noche. Sala pequeña, no más de seis mesas si no recuerdo mal. Por descontado, mantelería, cristalería y cubertería a la altura de lo esperado, así como mobiliario. Llegamos a las 21:30h. y somos los primeros, pero después se nos unirían tres mesas. A pesar de lo reducido del local, intimidad.
Menú degustación maridado: 82e por cabeza. Un pelín caro para la complejidad, mas no para la cantidad ni muchísimo menos para la variedad. Cabe destacar que mi acompañante no come cordero ni hígado, con lo que tres de los siete platos que componen el menú fueron cambiados por otros cuya calidad no era menor que los originales en absoluto. Uno a uno:
Aperitivos: chips de patata bien, chupito de sopa de tomate muy bien, chupito de crema de setas y crema de calabacín excepcional en sabor y textura, y una micro-croqueta con picante que no recuerdo, bien.
Croqueta de cordero (para mi acompañante hecha aparte y especialmente fuera de carta, de jamón ibérico) muy buena y con un picadillo de base de ajo estupendo. Hasta aquí con cerveza. Foie micuit con chutney de... mango, si no recuerdo mal, en virutas, con pan especial, muy bueno. Aquí entra un Tokaji muy bueno, ni que decir tiene que en su copa apropiada, etc. Para mi acompañante, una sencillla ensalada de tomate, lechuga, queso pasado por la plancha y anchoas, pero con ingredientes tan buenos que destacaba en sabor, con el conocido cava rosado Juvé & Camps de Pinot Noir, que abrieron para mi acompañante, un detalle. Gazpacho muy bueno, a destacar los piñones como tropezones, tostados en su justa medida (más difícil de lo que parece) y con jamoncito y gambita. Aquí estamos ya con un Sumarroca Blanc de Blancs, que bien, nunca decepciona. Pescado (de roca a la plancha, lo siento, no recuerdo variedad) perfecto en su punto de cocción y sobre todo con un picadillo de berenjena con un fondo de tostado/leña que muy, muy conseguido. Albariño Don Olegario, que ya conoceréis, estupendo. Huevo poché cocido a (relativamente) baja temperatura con morcilla, el plato más simple. Con un Campo de Borja joven bueno. Minisorbete de naranja sanguina con Campari, demasiado amargo, a revisar. Ahí mi acompañante no pudo comer más y tuvieron la amabilidad de empaquetarnos el resto para llevar. Para mí, una pieza de cordero con verduras a la plancha y salsa romesco, muy clásico pero gracias a materia prima y punto de cocción perfecto muy conseguido. Para ella venía un magret de pato muy bueno incluso al día siguiente, cuando dimos cuenta del mismo. Aquí entró un monovarietal garnacha perfecto para la comida. Acabamos con una tablita de quesos bastante floja para la media del resto de platos: brie (bien) con fresa, tetilla (psé) con membrillo y un tercero que ni siquiera se quedó en mi memoria. Postre: sorbete con petazetas de chocolate, lo que toca.
Servicio de pan ininterrumpido a elegir entre cuatro tipos, y tres de aceite.
El servicio en sala atento y cuidadoso, pero descoordinado: una mujer, que parecía la dueña o encargada, no iba vestida de uniforme y daba la impresión de que trabajaba esa noche de manera improvisada. Algún problemilla de coordinación comprensible dadas las particularidades de mi acompañante. Pero en general cumplen todo lo que se exige de un restaurante de este nivel, el típico de "justo-antes-de-una-estrella".
A mejorar: esos pequeñitos detalles (que parece que fueron cosa de un día), la cantidad de los platos (realmente excesiva, quizás prescindiría del huevo), el sorbete intermedio y los quesos. A destacar, todo lo demás.
Mira, acertaste (o acertamos). Mi más sincera enhorabuena a la gente del Nectari por el reconocimiento. A seguir trabajando :)
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