El servicio fue pésimo, continuamente debíamos recordarle a la camarera que nos faltaban cosas.
La comida nada del otro mundo, unos chipirones en su tinta con ajetes y habas que estaban excesivamente caldosos. De sabor no estaban mal, aunque algo sosos para mi gusto. La ración de chistorra fue generosa, estaba bien torrada y era suave, sin repetir demasiado. El pan tostado con tomate estaba bueno.
De plato principal pedimos un entrecot que ni era entrecot ni era nada: un filete de ternera más fino que algunos que he visto en Mercadona. Dos solomillos con salsa de setas y foie. Uno de los solomillos era de un centímetro de altura. El otro lo pedimos poco hecho y salió bastante pasado. La salsa estaba buena. Se pidió otro solomillo al punto, que estaba bueno, y bacalao a la brasa, que al llegar a la mesa tenía un pelo y lo cambiaron.
El primer bacalao que trajeron estaba en un solo plato, con su doradito de la brasa. El segundo, que tardaron menos de 10 minutos en traerlo, venía con otro plato debajo, porque el primero ardía, y estaba blanco blanco, además de insípido. Pensamos que lo habrían hecho al microondas o que lo meterían en el horno, pero desde luego, no había tocado la brasa.
Los postres, bueno, las raciones grandes, pero dejaban bastante que desear, especialmente la crema quemada, que parecía unas natillas aguadas. Los nísperos, el flan de chocolate blanco y el de café correctos.
Y para colmo está muy mal indicado, los carteles deberían colocarlos un poco antes, no me extrañaría que algún día hubiera un accidente al saltarse la salida.