Restaurante Asador Monte Mayor: Si hay invierno, hay calçots


Cita anual con esa calçotada sin tener que hacer kilómetros y que según refieren ya con producción propia. Cambios a la entrada para facilitar accesos. Lo que no cambia es la asistencia masiva, estando todo lleno (y eso que cabe mucha gente) con alta presencia de camareros en sala y una eficiente estrategia de servicio de calçots en la sala con una persona dedicada a emplatar (en realidad, entejar) de forma continuada, ya que mayoritariamente la gente está por los calçots con o sin menú completo.

Cuatro para comer a menú completo de calçotada que ha tenido algunos cambios. Lo tomado:

. fuet entero, medios tomates, ajos y aceite de hojiblanca de Camino de Anibal (otras mesas, la misma marca pero de otras aceitunas) más un ajoaceite de membrillo demasiado dulce para acompañar la carne. Buen pan tostado (poco tostado).

. calçots de tamaño medio, perfectamente hechos (tendencia a menos) servidos en tejas en amplia ración; bien de sabor y bien complementados con una ligera salsa romescu. Pudimos sólo con 4 tejas lo que nos confirma que vamos a menos o que tenemos más conocimiento, sabiendo lo que viene a continuación.

. berenjena, cebolla morada y pimientos al horno: algo pasada la cebolla de fuego. Muy corectos.

. lingote de ternera guisada con algunos garbanzos: un extra sobre el año anterior que nos sorprendió. Correcta pero excesiva, pues sería un segundo plato en cualquier restaurante. Ha sustituido a las clásicas mongetes y es una pena porque las legumbres mezclan bien con las grasas.

. plato de carnes y embutidos con un buen trozo de magro de cerdo a la brasa en sustitución de las clásicas chuletas, una longaniza y una morcilla por persona con una buena alcachofa, todo ello a la brasa y en perfecto punto

. cajón de maranjas y mandarinas ya en buen punto de dulzor

. postre con cambio: se queda fuera la crema catalana (¿será por el conflicto catalán?) y se sustituye por un "El Potet" que consiste en un bote de buen tamaño (más de 2 yogurts) con bizcocho borracho, nata, guirlache de almendras y nueces con crema.  Se acaba de preparar en la sala (no en la mesa) con soplete que calienta la superficie y se cierra la tapa. Tan contundente como suena. Un exceso.

Para beber y eligiendo, como no, un fallo de la carta de vinos, plastificada que no ha cambiado, nos quedamos al final con La Garnacha de Mustiguillo que aguantó toda la comida. Previamente un par de vermuts blancos que no nos identificaron, y un par de cervezas (Marzen y 1925) más una de agua grande sin gas.

Unos cafés finales básicos más unos chupitos de orujo de hierbas por cortesía de la casa. No ha mejorado en calidad (el cambio de chuletas por magro, es a peor), pero apuesta por la cantidad y cambiar por cambiar lo que no siempre es acertar. Se hace necesaria una siesta reparadora.

  1. #1

    Joan Thomas

    Ah, los calçots... si no existiesen, habría que inventarlos. Por lo que leo, buena calçotada, tal vez demasiado copiosa, no ? porque como tu bien dices tras tal atracón de acompañamientos la siesta se hace imprescindible, jejeje . Yo también me hubiese decantado por las chuletas.
    Saludos

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