Sitio muy agradable, excepto precisamente en verano a mediodía. El calor puede resultar excesivo en todo el local, que por cierto excede mucho de los metros autorizados de cerramiento "añadido" en zonas protegidas como El Saler.
Cocina playera buena y un poco cara, a lo que ya estamos casi resignados. Arroces bien cocinados.
Servicio de tal tipo que parece que estás sufriendo una cámara oculta. El carisma del llamado Tomás, dueño/maître o así destaca por su ausencia. Nos han servido copas de helado sin plato, por ejemplo.
Carta de vinos floja y muy standard. Servicio de vino y otras bebidas inexistente.
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