Situado a unos diez kilómetros equidistantes tanto de Vilafranca del Penedés, como de Sant Sadurni d’Anoia y ubicado en la plaza del pueblo. Decoración rústica y austera. Dispone de varios comedores y varias mesas a lo largo de la barra de la entrada. En el sótano dispone la cava refrigerada donde guarda los vinos y un reservado apto para una decena de comensales. El mobiliario es de estilo rústico y a las sillas les han añadido unos cojines para dotarlas de cierta comodidad. La separación entre mesas demasiado optimizada.
Cocina tradicional de la zona basada en las bondades del mejor producto del mercado, siendo su fuerte el excelente dominio de la parrilla (a la vista del comensal en uno de los comedores) que atiende Fidel uno de los hermanos propietarios. La sala la atiende el otro hermano, Santi, de manera atenta, dispuesta y cercana, aunque en algunos momentos se resintió como consecuencia del lleno del local. La vajilla y cubertería correctas acordes al tipo de establecimiento.
La carta de vinos es amplia, bien seleccionada, referenciando añadas y organizada por tipos y D.O.’s, centrada en las referencias más próximas del Penedés y Cava. Es una pena que esté tan poco actualizada (con la tecnología actual tan accesible y económica, me parece casi imperdonable), tuvimos que pedir hasta cuatro opciones distintas hasta “acertar” las disponibles. La cristalería muy buena, toda de la marca Riedel, incluso los vasos. El recargo aproximadamente del 75% sobre el precio de tienda. La temperatura de servicio correcta y el servicio del vino quedó circunscrito a la presentación y prueba inicial, ya que como éramos un grupo de diez y el espacio algo justo nos era más fácil servirnos nosotros mismos.
Nuestra experiencia fue para comer como colofón al onceavo encuentro de foreros de verema y después de una estupenda visita a Caves Recaredo.
Con el ánimo de probar más platos, compartimos los entrantes:
• Buñuelos de bacalao.
• Tripas de bacalao con garbanzos de Can Credo (Recaredo)
• Cap y pota.
• Escalivada hecha al fuego, no al horno.
Cada uno seguimos con un plato principal, en mi caso media ración de hamburguesa de pies de cerdo, crujiente por fuera y melosa por dentro, al igual que la media ración de tocino confitado de papada, cocinado a baja temperatura (70º) con una mezcla de hierbas durante doce horas y con el toque final crujiente de la parrilla. Acompañado de un sencillo, pero perfecto puré de patatas y una salsa de setas. Plato no apto para enfermos del colesterol (como es mi caso, espero no me lea mi médico). Los demás algunos chuletas y costillas de cordero, otros carrillada de cerdo, otros lo mismo que yo pedí, etc.
Todo ello acompañado de un buen pan casero tostado a la brasa, con su correspondiente tomate, ajo y aceite.
De postre varias tartas de brownie y algunas cremas catalanas, junto con los cafés.
Para beber cervezas, muchas aguas minerales (por cierto algo caras a 3.50 euros la botella de litro), una botella de Eixaders 2008 (aportación nuestra, de Francesc para desquitarse de la que tenía TCA la noche anterior) dos botellas de Finca Viladellops 2010 y un AN2 2008.
Todo el festival por 391.45 euros los diez que eramos.
Recomendable restaurante de cocina tradicional a la brasa con algunas elaboraciones actualizadas a las técnicas de cocción modernas.