Entorno bonito, pero nada más.

Cenamos en la terraza, en un entorno agradable, pero eso seria lo único agradable de esta cena.

Podríamos empezar por el servicio, poco profesional, con prisas y con un exceso de confianza innecesaria. Capitaneado por un metre que actuaba igual que un broker de bolsa, gritando y dando ordenes a diestro y siniestro, pero de forma anárquica, pues los fallos eran continuos.

Seguiríamos con la lamentable cena que tuvimos que sufrir. Una insípida brocheta de chopitos, un simple crujiente de marisco y unas normalitas croquetas. Como segundos platos, una calamar emparrillado, pasado de punto, insípido, chicloso y con una guarnición de habas y berberechos con exceso de limón y grasienta. Después un secreto ibérico duro, reseco, con patata asada, berenjena, pimientos, parmesano y una salsa edulcorada, una especie de melaza que era a lo único que sabia el plato, pues la presa estaba muerta por carbonización. Después de "asombrarnos" (eso nos dijeron que iban a hacer), con los postres no tuvimos valor.

El vino que tomamos fue un santa rosa frío primero y caliente por momentos. Salió frío de la nevera, y al decantarlo consiguieron subir su temperatura, eso y el calor de una noche de agosto hicieron el resto. las copas normalitas.

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