La parte de arriba de la enorme tienda madrileña está ocupada por este espacio que consta de una pequeña barra y una serie de mesas bien separadas y cómodas.
La cocina, después de la llegada del francés Ange García, ha mejorado muchísimo. La carta es escueta pero completa y ofrece una cocina francesa con toques internacionales. Destacar un enorme escabeche de foie, una sabrosa "ratatouille" provenzal, un delicado steak-tartar y una contundente pintada guisada. Todo ello perfectamente presentado y ejecutado y además en raciones hermosas. Postres sabrosos, en especial su milhojas que hay que pedir con antelación. Muy destacable.
La "carta de vinos" es sencillamente la mejor de Madrid ya que hablamos de las 4500 referencias de la tienda a precio de tienda. En este aspecto no hay nada parecido en la capital. Además hay una importante selección por copas si se desea. Cristalería al nivel esperado, de primeras marcas. Servicio a cargo de los sumilleres de la tienda, profesional, amable y sin fallos.
Tras la incorporación del nuevo chef, este especio me parece una de las propuestas más atractivas para comer y beber que podemos encontrarnos en Madrid. El problema es que sólo ofrece comidas y siempre bajo reserva. El precio sin vino es de unos 50 euros, no es caro para el nivel de la cocina. A partir de aquí lo que se quiera (y pueda), incluso un Petrus del 47. Repetiré sin duda.
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