Está situado en pleno casco viejo tarraconense, en la coqueta Plaza del Rey, a la sombra de la Torre del Museo de la ciudad. Zona animadísima por la noche y con una terraza donde se está en verano divinamente. No es muy grande y está muy concurrido por lo que es recomendable reservar. Cocina sobre todo casera, con buen producto, no muy elaborado y raciones correctas tirando a abundantes. Los calamares rebozados estaban espléndidos. Servicio normalito. Cristalería muy corriente. La carta de vinos es aceptable, a precio correcto. Tienen armario-bodega, pero la mayoría de botellas están a temperatura de comedor, por lo que hay que enfriarlas un poco. El punto débil es la acústica del comedor principal, muy deficiente, por lo que a poca gente que haya tienes que alzar bastante el tono de voz.
En resumen, un lugar sencillo de cocina honesta y de excelente RCP (pagamos 23€ per capita). Mucho por mejorar con el vino.
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