Restaurante cerca de la Avenida de Francia en el que se respira un ambiente tranquilo y moderno.
Pedimos unas cuantas tapas y un arroz. Aquí hay que tener fortuna. Algunos platos buenos como las sardinas escabechadas con frambuesa (sin pasarse de vinagre) o el arroz meloso con gambas y almejas, con un punto perfecto de melosidad y buen sabor; y otros platos flojos como las croquetas de jamón, que no tenían sabor a jamón y un deficiente milhojas de crema y chocolate caliente, que salió frio, con un hojaldre que no podia cortarse de lo duro que estaba y con la crema pastelera insipida y por el que nos tangaron 7€.
Respecto al vino, la carta es correcta con algunas botellas pequeñas, tanto de tintos como de blancos, además de una pequeña carta de cockteles. Pedimos un chardoney servido a la temperatura correcta y en unas copas Schott.
Servicio amable aunque muy lento y con un exceso de simpatía.
Por lo que parece es un restaurante para disfrutar de un buen arroz (tienen unas 10 variedades en la carta) y en un ambiente tranquilo. Poco más
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