El local me resultó muy agradable, había poca gente, eso hace que no se pueda valorar la acústica ni el ritmo del servicio. Hay dos paredes enfrentadas con ladrillo visto y el techo con vigas de madera también a la vista. El resto predomina el blanco
Las mesas y su equipamiento correcto, copas Schott, mantel camino de mesa, escaso para vestir bien una mesa para comer.
La carta interesante, con propuestas originales. Tomamos lasaña de calamar con su tinta, lomo de bacalao en tempura y arroz meloso con bacalao y coliflor, exquisito, lo mejor de todo. Postres con altibajos.
La carta de vinos es algo clásica, pero con buenas propuestas. Alión, Roda I, Belondrade, Gosset, Krug, etc. Conté aprox. unas 80 referencias.
El servicio bien, sabiendo hacer su trabajo con discreción. El camarero de la sala es nuevo en el local.
El precio del pan disparado. 2,20 euros cuatro rebanadas.
carpaccio de mango con helado de coco
lasaña de calamares en su tinta
arroz meloso de bacalao y coliflor
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