Auténtico a tope el local de estos dos amigos apasionados del vino que llevan ya 10 años en la calle Hernani. Siempre está a tope, conviene reservar, por lo que la juerga está asegurada. Se trata de una taberna/tasca de paredes forradas de refranes, fotos de amigos (y algún famosillo), cajas de vino… con unos anfitriones de generosidad y simpatía desbordante. Los precios de las múltiples referencias disponibles por copas son más que razonables (habla un catalán) por lo que se ve por ahí, sobretodo en locales más “céntricos”. Las copas son de aprobado justito y la temperatura del vino tinto altita, pero las tapas y la comida están de rechupete. Son platos de lo más clásico: callos, cocido, tortilla de patatas… pero alguna cosilla rara de encontrar, como ortigas de mar y otras delicatessen. Los precios de la comida son normalitos tirando a altos, pero el menú es altamente recomendable. Suelo pasar por ahí cuando estoy en la capital, una vez cada dos meses, y nunca defraudan. Tiro asegurado.
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