Restaurante Rekondo: Patrimonio de la Humanidad


Primera visita (y probablemente no la última) al Rekondo, lugar que ya barajamos para nuestra boda y que por desgracia descartamos por una cocina más moderna (Xarma) que no estuvo a la altura de lo esperado. Así que para quitarnos la espinita, decidimos ir un Martes vacacional, para tener tranquilidad en el comedor. Sito en un lugar con mucho encanto, el inicio de la subida al Monte Igeldo, desde su terraza se disfruta de una envidiable vista de la Concha y el Cantábrico, sólo cuando el tiempo lo permite (no ha sido el caso). Al entrar la primera impresión es de calidez: Saludo cordial de la camarera, del cocinero jefe y de la jefa de sala, sonriente y cercana. Nos ofrecen colgar los abrigos, un buen detalle para la comodidad del comensal.
Decoración sencilla con lienzos, un aparador con licores y figuritas orientales, todo puesto con gusto. Iluminación acogedora y cosa rara, no hay música de fondo (recomendable para atenuar el ruido de la plancha y la cocina, que por otra parte no resultan molestos).
Mantelería impecable y de calidad, al igual que el menaje y las copas. Sillas de mimbre con reposabrazos, cómodas.
Una vez sentados, llega una desagradable sorpresa: el Sumiller libra los Martes, con lo cual nos quedamos sin una de las piedras angulares del restaurante. Mientras me repongo de la noticia, voy hojeando los riojas de la impresionante carta de vinos. Un tomo encuadernado y escrito a mano con impecable grafía, por países, denominaciones de origen y bodegas por orden alfabético. Los riojas ocupan casi 50 hojas, algo digno de ver. Conviene ir con una idea de lo que se va a pedir, en mi caso barajo opciones como el Riscal Rv. 1968 (70€) o el Contino Rv. 1981 (60€) pero finalmente ha caído el Marqués de Murrieta GR 1970 (75€). Buceando se pueden encontrar chollos, pero en general para las añadas anteriores a los 80 de los clásicos (Imperiales, Viña Reales, Tondonias, Ygays...) los precios se van por encima de los 150€.

Respecto al servicio del vino me ha sorprendido que la jefa de sala haya traído la botella para presentarla y se la haya vuelto a llevar para abrirla con un biláminas, aunque después ha traído el corcho en un platillo, bastante íntegro y con la zona superior mohosa. Hubiera preferido que la apertura fuera delante mío, no sólo dármelo a probar ya abierto.
Del vino sólo se me ocurre un adjetivo: alucinante. De precioso color atejado, límpido, de capa media y con restos en suspensión que no afectan en absoluto al sabor del vino. Fragante y elegantísimo en nariz, con notas de humedad, cueros y cárnicos a medida que se oxigena el vino. En boca predomina el sabor licoroso, amarrasquinado, con una acidez extraordinaria que hace que el vino no se venga abajo en las 2 horas de comida, pletórico. Segundo viejuno que cato, y segundo vino emocionante, más si cabe que el anterior Marqués del Romeral GR 1962.

Inciso: Un rápido vistazo a las mesas de alrededor me hace ser consciente de que los comensales desconocen lo que el Rekondo atesora en materia vinícola: Tomás Postigo, Pago de Carraovejas, Valenciso... mucho vino comercial. Una mesa bebiendo Heineken, la madre que me parió... Al menos, un hombre de avanzada edad contrarresta el panorama pidiendo un Prado Enea de los 80. Poca cultura vinícola, una lástima.

Respecto a la comida, se trata de cocina tradicional que roza el sobresaliente. Los entrantes nos los han servido para compartir sin nosotros haberlo pedido, algo que nos ha parecido muy bien, aunque no estaría de más preguntar al comensal. Raciones bien medidas para los entrantes, segundos platos de ración abundante, por lo que con un entrante, un segundo y un postre se puede comer perfectamente.

De aperitivo hemos comenzado con una croqueta de pollo para cada uno, impresionante sabor y cremosidad, con el rebozado crujiente y poco aceitoso. Auguraba una comida satisfactoria.

Como entrantes nos hemos decantado por un revuelto de xixas (setas) fuera de carta, extraordinario y unos pimientos de Lodosa rellenos de rabo de buey. Intensísimo sabor de las setas y el huevo con una textura melosa, tremendamente adictivo. Los pimientos (2 para cada comensal), asimismo, espectaculares, con una carne que se deshacía y una salsa que contrarrestaba la acidez del pimiento con un punto de ¡canela!, muy original. En resumen, entrantes de matrícula de honor.

Para los principales nos hemos tirado a la carnaca: Cochinillo confitado con compota de piña (suele ser de manzana) y Entrecot a la parrilla con guarnición de patatas y piquillos. El entrecot fabuloso de punto, ternura y sabor, así como los piquillos. Las patatas normalitas. El cochinillo fantástico, con la piel crujientita y la carne que se deshacía. Pero se ve que hoy les sobraba canela, porque se la han añadido a la compota y se han cargado la carne. La mezcla era perfecta en el primer bocado, pero tras tres o cuatro el sabor dulzón repetía y fastidiaba el plato. Una lástima.

La chapatita que acompañaba a los platos adictiva, hemos pedido otra (sin cargo adicional) y el vino nos lo íbamos sirviendo nosotros a medida que la copa se vaciaba, algo que personalmente prefiero al rellenado por parte del camarero de turno.

De postre café para mi mujer y para mi un helado de queso con coulis de frambuesa. 3 hermosas bolas de helado acompañadas de una galleta con el nombre del restaurante y una mermelada de frambuesa que no pecaba del dulzor que suele caracterizar a los coulis. El helado muy bueno (sin ser extraordinario), aunque con dos bolas hubiese bastado. El café ha venido sin la pastita o dulce de rigor, algo a mejorar.

Los precios, otro caballo de batalla habitual, no llevan IVA incluido. Dan ganas de llevarse un folio con la Ley 44/2006 escrita para indicar que esta práctica es ILEGAL.

Para finalizar, hemos visitado la bodega de la mano de una camarera muy amable que casualmente conocía mi mujer (suele ser el Sumiller al terminar el servicio quien enseña la bodega). Absolutamente espectacular la conservación y pulcritud de esta, así como el riguroso orden de las botellas. Tienen un comedor privado para unas 10-20 personas rodeado de Mágnums de Romanée-Contis, Petrus, Cheval Blancs, Chateau Margaux... flipante. Un lugar que debería estar protegido como bien de interés cultural, especialmente ahora que cumple 50 años.

Enhorabuena a Txomin Rekondo y a todo su equipo por semejante joya. Esperamos volver a disfrutar pronto del restaurante y sus maravillosos vinos.

  1. #1

    Jotayb

    Estupenda crónica compañero, he disfrutado leyéndola.
    Todavía no he tenido oportunidad de visitar Rekondo pero vivencias como la tuya me animan :-)
    Un saludo.

  2. #2

    Joaquin1965

    Ja,ja,ja..Muy buen comentario. Me rio porque me imagino tu cara y que te pasó lo mismo que a mí. Es que hasta que no lo ves no sales de tu asombro. Y bien elegido el vino, aunque no dejes de probar ese riscal del 68 que es una joyaza (por aquí deje yo la nota de cata).

    Sí ciertamente, hay dos cosas: a) que faltara Martín es algo a tener en cuenta, porque es un auténtico CRACK!; Y b) sí, cuando te metes ya en algo de muy atrás, la cosa sube un poco, por eso tienes que organizar algo allí para que podamos costearnoslo entre varios, ja,ja.

    Y no tengas en cuenta que se te llevaran la botella para abrirla (a mí también me pasó). Lo del bilaminas es muy delicado y tiene riesgos.. aparte de que es un coñazo -también me ha pasado- lo de tener unos cuantos ojos mirándote en el momento de la operación.

    En cuanto a los vinos que pide la gente en este sitio... pues a gustos colores, pero comparto plenamente tu opinión. En mi caso, una comió trajinándose unos cubatas a la par que sus acompañantes -alguno de ellos, un pájaro de cuenta con alpargatas- se inflaban a beber champán básico al grito de "más gasolina" (suspiro)

  3. #3

    Tantra84

    en respuesta a Joaquin1965
    Ver mensaje de Joaquin1965

    Habrá que ahorrar para organizar algo el año que viene aquí. Si hay interés no me importa encargarme de ello, Txomin seguro que accedería encantado. Además creo que hay algún forero que ya ha organizado alguna cosa similar con su grupo gastronómico en el Rekondo.
    Hablando hoy con la hija de Txomin me comentaba lo minucioso que es y que no le deja ayudarle con la bodega :)
    La gente es muy libre de beber lo que le de la gana, pero creo que antes de ir a un restaurante es conveniente informarse de lo que ofrece. Y pocos en el mundo ofrecen lo que el Rekondo (en materia vinícola, claro).

  4. #4

    EuSaenz

    En un par de ocasiones me he topado con ese Murrieta GR 1970 y en ambas me pareció excelente, en la brutal línea de calidad que siempre mantuvo este productor en aquellos tiempos. El Contino del 81 hubiese sido otra gran elección, sin duda el mejor de los 80 junto con 82. La verdad que lo de este restaurante es digno de mención.

    Saludos,
    Eugenio.

  5. #5

    Fefeca

    Buenas tardes compañero, como yo ponte las gafas, me acabas de llamar persona de avanzada edad... y el prado enea era del 69... te equivocaste con el matrimonio que estaba enfrente de nosotros, cuando tenga un rato subiré el comentario del restaurante.

  6. #6

    Tantra84

    en respuesta a Fefeca
    Ver mensaje de Fefeca

    Jajaja, pues ya es casualidad que un veremero fuera quien abrió el Prado Enea. Mis disculpas (el pelo blanco me hizo suponer una edad más avanzada, además de que estabas a mi espalda), supuse que la botella sería de principios de los 80. Tenga usted en cuenta que lo de "edad avanzada" va en comparación a mis 30 :) Espero que disfrutases la comida. Un saludo.

  7. #7

    Fefeca

    en respuesta a Tantra84
    Ver mensaje de Tantra84

    Disfrute como un enano, fue el final de un periplo por kai-kaipe,elkano y Rekondo, no te preocupes mientras no lo lea mi mujer libras por el tema de la edad y gracias por lo del pelo (cada día me queda menos...)para tus años vas a buen ritmo ;)

  8. #8

    gavelar

    Joder que envidia...Rekondo por si sólo merece la vista...si además incluyes San Sebastián...Una lastima lo de martin.S2

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