Cuando fama y buen trabajo se encuentran

no habíamos ido nunca, y acudimos a celebrar de forma casi espontánea al estar por la zona.

es un restaurante muy clásico, un poco muchísimo como de los años setenta... fotos de famosos, muy recargado, algo estrecho... muchos camareros, una barra activa... una pecera con bichos grandes, todo un pelín como agolpado... algo oscuro...esa sensación de llegar a un lugar del pasado.

 

la mantelería y la loza muy correcta, las copas normales y el servicio muy profesional, aunque algunos con el piloto automático, de vuelta de todo... algo a "trabajar".

 

la calidad de la comida es fantástica, tanto por los tamaños, la frescura... la elaboración, muy bien, muy muy bien..... y, lógicamente, está reflejado en el precio.

la carta de vinos no está a la altura, los precios de los vinos demasiado hormonados y pocas opciones... por ser el local que es y la carta de comida que ofrece. ni las copas, como decía antes, ni siquiera el servicio, algo insistente en el relleno y con cero aportación de valor en el servicio del mismo. 

los postres bien elaborados con precios no razonables por no tener proporción en la calidad y la cantidad, algo que con las cigalas, por ejemplo, o las croquetas de pescado (con trozos de gamba reconocibles), sí que sucede.

recomendable? pues tengo mis dudas, si eres fanático del marisco, creo que hay opciones algo más "cutres", sin tanta pompa, que son sensiblemente más baratas, creo que pagas una parte muy importante de fama en el precio final. 

y aunque es un lugar espectacular, hay cosas a mejorar.... unas copas más decentes (sin tener que beberte un L'Ermita), un listado de vinos más amplio tanto en bodegas como en precios, unos postres con una relación calidad precio más razonable (unos creps suzzete no pueden costarte lo mismo 26€, que 4 canelonillos de crema pastelera, 24€) cuando el primero es un postre espectacular en elaboración y resultados, y el segundo, es crema pastelera con galleta (más o menos)... y finalmente el servicio, todos deben tener un trato espectacular y algunos, los más "jóvenes" están algo verdes.

creo que deberían aprovechar las oportunidades de aportación de valor, cuando decides el vino y te lo traen, cuando pides la comida, comentando lo que tienen de excepcional los platos,... no se puede despachar como el que vende barras de pan, esperando que el cliente descubra como creyente convertido, la fantástica corteza y maravillosa miga de pan. 

en resumen.... mucho ruido y excelentes nueces a precios altos (muy altos, la botella de agua cuesta como una cerveza 7,30 euros y un café 5.50)

 

 

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