Lleno total y siempre.

Hay numerosas descripciones de la decoración local, así que no me extiendo en este asunto, tan solo comentar que se ramifica de una forma muy curiosa a través del edificio.

El servicio es absolutamente profesional y muy bien aleccionado.

El ambiente es muy selecto, no podía ser de otra forma por su emplazamiento y precio.

Fuí acompañado por dos familiares que conocen bien la trayectoria profesional del joven empresario, y es sorprendente que desde hace unos diez años se mantiene incolumne y con éxito total en su actividad.

Sin la pasión previa y entorno que me puede sugestionar, el resultado de la cocina en la mesa es decepcionante.

Mi fabada me pareció muy vulgar. Probé las verdinas con bugre y me parecieron sabrosas, no por las verdinas, que me parecen insulsas, si no por el fuerte sabor que impregna el marisco al preparado. Raciones abundantes.

El solomillo no se salía.

La tabla de quesos para acabar las dos botellas de Predicador, fueron fallidas, por decir algo suave.

Este restaurante es la extensión de una oficina, una lujosa oficina.

Una experiencia.

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