Primer capítulo del cocinando a 8 manos.
Local abarrotado con servicio en sala de refuerzo de los otros restaurantes participantes. Aun así hacía tiempo que no veía trabajar en la sala de un restaurante a tanta gente, con tanta intensidad y profesionalidad. Lástima no ver directamente la cocina porque debía ser otro espectáculo. Mucha gente jóven (menos de 40 años) y alguna somelier y restaurador destacados entre los asistentes.
Del local nada nuevo que comentar salvo que se puso de gala (copas, manteles, cubiertos..) para la ocasión. Destacar un servicio extraordinario del vino maridando cada plato, con nueva copa y nueva forma cada uno de los vinos, servido siempre unos momentos previos al plato que acompaña, con cantidad suficiente y pudiendo repetir si era necesario. El cava de entrada se repitió conforme llegaba la gente hasta que empezó el servicio de cenas. Gran rapidez y profesionalidad.
Los platos que, aunque no viene anunciada su autoría, sirve para especular y algunos son relativamente fáciles de adivinar a qué restaurante pertenece de los participantes: La Salita, Samsha, Mulandhara y Kiaora. Baste como ejemplo que si un aperitivo tiene una determinada muy arriesgada forma, estructura y color, y en el postre te encuentras la misma versión en dulce con alimentos distintos, acertar que es de Samsha no es nada difícil.
Veamos los platos:
1.- Aperitivos de bienvenida maridado con Cava nº 1 ya servido de forma repetida desde que entras como copa a la llegada. Se acompañó de una pequeña muestra del falso cava de gazpacho andaluz descrito en múltiples ocasiones de visitas a La Salita y que sigue pareciendome de extraordinaria creatividad y resolución.
Galleta (salada) Orero con queso Gorgonzola: buena, sencilla y bien presentada. Tartar de salmon sobre huerto de tierra de remolacha: muy estético y bien lograda la conjunción, menos sabroso. Un caviar de color verde fosforescente que acompañaba a no recuerdo qué: bien para la foto, aunque poco sabroso; luego tuvo su versión dulce en el postre.
Servicio de pan (de cebolla, de aceitunas, de aceite y de hojaldre) con agua mineral si se precisa.
2.- Ensalada de sensaciones, hojas, flores y frutos salvajes siguiendo con el cava nº 1 ya que fué casi a la vez que los aperitivos. Estético plato de 36 muestras de diferentes productos vegetales. En boca no habían tantas sensaciones.
3.- Foie de atún con cerezas y sus huesos comestibles acompañadas de tostadas de pan de cereza maridado con verdejo Menade. Buena compañia de vino con el contraste de la fruta tropical del vino con un muy arriesgado y bien resuelto cilindro de un muy buen foie. Plato extraordinario y arriesgado.
4.- Callos marineros de bacalao, guisantes frescos con un toque picante. Maridado con riesling de Nahe Martin Tesch con un muy buen punto de acidez y de arriesgado maridaje con los callos pero que resultó. El plato quedó un poco corto de sabor de bacalao aunque bien estructurado y ensamblado.
5.- Lubina salvaje en jaula de camarones con buquet verde. Maridado con riesling Markus Molitor con un punto más de dulzor que el anterior. La lubina buena incluida la piel y estética jaula de camarones (como tortita pero en enrejado). Plato menos creativo (para la media que hay) pero con muy buen sabor y resultado final.
6.- Raviolis crujientes de rabo de buey, apio, nabo con crema de foie y trufa. Maridado con Pinot Noir Dulin 2008; buena compañía la que hace esta uva a la pasta y carne y más en un vino ya bastante evolucionado. El plato estaba tan sabroso que incluso hubiera aguantado algo más de contundencia en el vino; la estética y emplatado muy lograda.
7.- Costilla de buey Wagyu con caldo de setas y ñoquis de yuca acompañado de pan de queso y yuca. Maridado con bobal de San Juan 2011. Plato el menos creativo pero de gran contundencia y sabor y que resultó una de los favoritos en el paladar. Necesitó de una bobal porque se hubiera comido a muchos vinos.
8.- Postresss:
- manzana pasificada, toffe y toques cítricos. Bien conseguido y en su punto de contraste dulce / ácido.
- maceta de chocolates: para muy fans; servido en una maceta de terracota como si fuera una planta y con algún punto de sal que aún potencia más al chocolate. Me sobrepasó.
- petits fours acompañando una esferificación verde fosforito similar al plato de aperitivo. Maridados los postres con Domaine des Coqueries 2010 un gran vino dulce con fondo de melón que aunque se repitió servicio, pudo hasta faltar.
Total 3 horas de disfrutar sin parar con una sensación final de que hemos estado en un evento especial, con un resultado especial.
Es una gran idea, bien realizada y con muy buen logro final y si además tiene un toque de colaboración con ONG, pues es la guinda del pastel.
No más lejos que comiendo el mismo plato en el mismo minuto.
jejeje
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