Años ha, más de seis, que no visitaba este restaurante de vanguardia. Recalamos aquí por descarte, pues era lunes y el resto de opciones que contemplamos no abrían este día. A la postre lo agradecimos.
La estética sigue siendo la misma, rompedoramente sesentera, muy cool. Naranjas, verdes, techos amplios, gran separación entre mesas y comensales… Muy bien la sala, se está a gusto. Y a esto hay que añadirle las buenas y variadas vajillas y el coperío Schott alta gama.
La cocina vanguardista de autor, claramente de autor. De autor avezado añadiría.
Tienen tres menús, se diferencian uno de otro por longitud y precio. Eran las 15.30 horas y nos avisaron de que cerraban pronto cocina, así que nos decidimos por el corto, el menú del día (22€ + IVA), que consiste en elegir un primero, un segundo y un postre de los tres o cuatro por sección que componen el menú largo, el gastronómico. Me gustó la idea.
Así quedó mi apuesta:
• Aperitivos.
• Curry de cangrejo real con tortas manchegas, caviar de apio y manzana y chutney de piña. Acompañado de pan de apio. Logrado y original el juego del cangrejo real con los gazpachos y el curry.
• Bonito al estilo thai con tierras de tres sabores. Acompañado de focaccia de leche de coco y lima Kafir. Buen bonito, adobado al modo asiático con punto cítrico añadido, con puesta en escena tan thai como su contenido.
• Nuestra versión del mojito con frambuesa carbonatada y toffee de azúcar mascabado. Acompañado de galleta de almendras y lima. Deliciosa esponja de mojito sobre una cama chisporroteante de hielo de frambuesa.
• Petit fours.
No he comentado los aperitivos y los petit fours porque merecen capítulo aparte. Me pareció realmente ingenioso, de buen gusto y acertado el juego positivo-negativo de los seis trampantojos, los tres aperitivos y los tres petit fours.
Abrir y cerrar la comida con brillantez.
Con los aperitivos actuó en positivo, jugó a que lo dulce era salado: un pastelito de patata, un bombón de aceituna rellena de anchoa, una piruleta de gambas… Y con los petit fours, retomó la idea de los aperitivos pero la volteó en negativo. Los mismos elementos, puestos al revés. Así, lo salado era dulce: el pastelito de patata se convirtió en unas patatas fritas de cacao; el bombón de aceitunas en unas aceitunas de chocolate blanco; y la piruleta de gambas en unas gambas al ajillo de algo similar a la masa de un donuts, con los ajillos de chocolate… ¡Sencillamente genial! Se me ganó el cocinero con esta diversión.
Y más teniendo en cuenta que entre unos y otros había transcurrido toda la comida. Tuvimos que hacer un ejercicio de memoria y retrotraernos una horilla…
- “Ah! Esta aceituna de chocolate viene de aquel bombón de aceituna!”. Sonrisa.
- “Anda! Estas gambas al ajillo de rosquilla proceden de aquella piruleta de gambas!”. Sonrisa de complicidad.
- “Fffuá! Estas patatas fritas de cacao nacen de aquel pastelillo de patatas!”. Sonrisa de reconocimiento.
Destacar también el detalle del maridaje de panes. Cada plato lleva su pan. Se agradece, oiga.
La carta de vinos era muy atractiva, y además te permitía elegir buenos vinos a precios ajustados. También se agradece, oiga. Bebimos una garnacha bilbilitana que estaba golosa, estructurada, redonda, liviana… Honoro Vera 2012, 12€. Y vertido en las excelentes copas comentadas anteriormente (pero sin más mimos).
Buen servicio, una sola camarera que atendió perfectamente toda la sala -si bien es cierto que éramos sólo cuatro mesas- con profesionalidad y agilidad cantando todos los platos con oficio.
Volveré en invierno, con el cambio de referencias, a degustar una noche el menú largo, expectante para ver qué juegos se trae entre manos en esa ocasión…
Menuda pinta, y nosotros sin ir todavía teniéndolo tan cerca...
Golosón golosón ese Honoro Vera ;-)
Sí tío, cómo estaba.
Siempre me ha gustado, pero esta añada 2012... la mejor que he catado.
Y por 12 euritos en copa Schott...
Sí, de verdad que sí. En el menú largo lleva un montón de panes, quizás 8.
Para mi es el sitio que más ha mejorado en el último año. Ha madurado muchísimo.
Los trampantojos de la entrada y salida del menú es una seña de identidad que además varía mucho casi tanto como los platos del menú, lo cual es algo que se va notando en falta en otros grandes.
Un acierto que tuvistes llevado por las manos del destino de los descartes.
Si señor: Shamsa, La Salita, Mulandhará y Kiaora. Fue Cocinero del año 2012. Y este premio pasó de puntillas por Valencia.
Victor es de Castellón y su pareja es Ana que atiende la sala. Acabo de ver su web y puede que sea una de las más completas de todos los restaurantes de Valencia. Echale un vistazo:
Jaja, así es!
Una sorpresa, "en franca mejoría"
Este si que tiene una web en condiciones. Puede que sea de lo mejor en Valencia
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